Psychonovak

1 02 2012

Partiendo de la base de que para mí los deportes sin tiempo son los más duros mentalmente, el tenis es el más psicológico de todos ellos. Un ser humano que vaya perdiendo 6-0, 6-0, 5-0 (40 – nada) ¿cómo ha de afrontar la siguiente bola? Yo sé que Novak, el nuevo Novak, se la jugaría winner y ajustada a la línea, pensando que aún le quedan 3 sets por ganar.

El punto de inflexión se produjo en los JJ OO de Pekín 2008, en los que haciendo un mejor tenis que Rafa Nadal, fue derrotado debido a los errores no forzados que cometió en bolas francas y fáciles, ganando muchos más puntos que Nadal durante el partido. En el primer set de la final del Australian Open del otro día, se vio algo de aquel antiguo Novak. Pero luego se centró y recuperó el nivel de confianza que, visto lo visto, en el tenis es lo más importante.

Si tienes confianza, puedes jugar fuerte y arriesgar, ya que lo más seguro es que te entre todo. Y eso está en la cabeza; y ahí el que está más fuerte es el que gana.

No queremos decir con esto que el nivel de confianza de Nadal sea menor. Sino que a igual nivel de confianza, Djokovic optimiza más sus recursos. Sobre todo esto se ve demostrado cuando sirve cada uno. A Djokovic le es mucho más fácil ganar sus servicios que a Nadal. Ya que Nole saca más fuerte y a Nadal le tiene tomado el resto. Al igual que Nadal tiene un plan para vencer a Federer y le funciona, Djokovic tiene uno para derrotar al manacorense.

Al finalizar el encuentro, Nadal aseguró que era la final que menos le había dolido perder. Yo interpreto estas palabras como un reconocimiento de que, por una parte Nole puso más tenis que él, y él se aguantó en el partido a base de fuerza mental y física. Y por otra parte, creo que Nadal está viendo una luz al final del tunel, una posible manera de derrotar a Djokovic a base de jugar más agresivo y arriesgado. En la final del pasado domingo, lo hizo en ocasiones, pero se quedó a medio camino, sin tirar todo lo profundo que podría haber tirado. Creo que el plan del Tío Toni consiste en que Rafa arriesgue más, juegue más profundo para alejar a Nole de la zona donde puede conectar winners. Pero además de eso, creo que para derrotarle en superficies rápidas tendrá que mejorar en algo su saque, o aportarle algo diferente a los liftados habituales, que el jugador serbio destroza sin piedad al resto.

Nos quitamos el sombrero ante estas dos bestias del tenis. Ojalá siga durante muchos años este titánico enfrentamiento.





Uno guapo, rico y famoso; el otro

23 11 2010

la viva imagen de la superación y el deporte. Si quieres querido lector seguir leyendo acerca del partido del siglo, no es éste hoy ni el lugar ni el momento. No estábamos hablando de la pulga y el elefante, como citaba hoy ese remanso de sentido común que es Julio César Iglesias, sino de Carlos Moyà y Rafa Nadal, dos tipos que por distintos motivos han sido noticia (o deberían haberlo sido) en los últimos siete días. Así que, en aras de normalizar el tratamiento que en este medio damos a TODOS los deportes, voy a desafiar a mis propios nervios y a conjurar las ganas de escribir sobre el partido del fin del mundo, por lo menos hasta finales de esta semana, ya que no creo que el lunes estemos ya para muchas reflexiones.

Decía que iba a hablar de estos dos tenistas, unidos por algo más que por la isla donde nacieron. El guapo, rico y famoso ha anunciado que el próximo Masters nacional supondrá su adios a las pistas. No conviene obviar la trascendencia de Carlos Moyà en la historia del tenis español. La dinámica informativa actual, ávida constantemente de nuevos iconos que regeneren el panorama, con la irrupción de dos ciclones como Ferrero y, en mayores proporciones Nadal,  ha ensombrecido un palmarés incontestable, pionero en muchos sentidos. Cuando se retire dentro de unos días, Charli habrá sido el segundo tenista español con más partidos ATP en su raqueta, sólo a un par de partidos del eterno Manolo Orantes, una marca difícilmente superable por ningún tenista de la generación actual. No ha sido un tránsito por estos quince años en el circuito una mera acumulación de partidos. Campeón en la arcilla de París y finalista en la dura de Hannover en 1998, en la repetición de una final inolvidable ante su amigo Àlex Corretja, fue unos meses después el primer tenista español que llegó a encabezar el ranking mundial ATP. Sin embargo Carlos tenía una gran espina clavada: una lesión le apartó de la mágica final del Sant Jordi en 2000. Siendo una referencia del tenis español en aquella época, se tuvo que conformar con contemplar como un poderoso Ferrero le robaba su momento de gloria. Pero el destino le tenía guardada revancha a Carlos. Cuatro años más tarde, con un renovado equipo en el que había destacado en las eliminatorias un portento de la naturaleza llamado Rafa Nadal (inolvidable su irrupción en un partido de dobles con Robredo ante la pareja francesa en la plaza de toros de Alicante, privilegio que tuve la ocasión de disfrutar en primera persona), España volvía a jugar una final de la Davis en casa, reservándole a Carlos la oportunidad de abrir la final ante Mardy Fish y de convertirse en el héroe dos días después ante el cañonero Andy Roddick.

El otro de los protagonistas de nuestra historia de hoy es el que encarna la viva imagen de la superación y el deporte. Han pasado ya casi seis años desde la presentación ante el mundo de Rafa Nadal. Fue en La Cartuja, unos minutos después de que Charli Moyà pusiera el 1-0, cuando el manacorí se puso frente a un todopoderoso sacador americano llamado Andy Roddick, dispuesto a demostrarle al mundo que el reinado del saque-volea había acabado. Han pasado seis años y Rafa sigue siendo aquel chico sencillo entrenado con naturalidad por su tío. Anoche en el O2 de Londres, escenario donde esta semana se juega la Copa de Maestros, Rafa volvió a jugar ante el cañonero americano. Nadal ha sido un deportista capaz de derribar los más viejos mitos de nuestro tenis, de superar constantemente los retos que el calendario le marcaba. Superada su peor temporada el año pasado y con una ventaja galáctica (ya estamos) sobre sus perseguidores en el ranking, Rafa tiene ante sí dos nuevos desafíos: ganar por primera vez el Masters y llegar a Australia en la forma suficiente como para llevarse el Grand Slam. Si alguien puede hacerlo, és el. La viva imagen de la superación y el deporte.

http://www.youtube.com/watch?v=vJ_GY0Vo2-0

 





El Rey de la Tierra, la Hierba y la Pista Dura

21 09 2010

Lo hizo. Rafa ganó el US Open 2010, el último que le quedaba para completar el póker de Grand Slams que le da una mano ganadora para coranarse como el mejor tenista del mundo.

Sus detractores habituales (auténticos “odiadores de Rafa” profesionales) le echaban en cara que su limitado (según ellos) estilo de juego no le permitía triunfar en la rápida superficie de Flushing Meadows. Ahora el de Manacor les ha cerrado la boca con un triunfo consiguido a base de una serie de mejoras en su juego de pista rápida que le convierten en una auténtica bestia parda sobre una pista de tenis.

Nadal es un jugador con muchísima técnica y calidad. Sus zurdazos incomodan muchísimo a sus rivales, aunque no es un zurdo natura. Esto no se nota en sus drives de zurda, que son potentísimos, pero sí en su saque, o por lo menos hasta ahora se notaba. Siendo un movimiento menos natural que el golpe de derecha, el saque requiere una gran potencia, combinado con un gran control sobre dónde queremos que vaya la bola. Y en este aspecto, el saque del falso zurdo Nadal no estaba a la altura del nivel de otros grandes jugadores. Al sacar con su brazo no-natural, necesita mucha concentración para hacerlo bien, por eso se toma tanto tiempo antes de sacar, cosa que sus detractores se empeñan en tachar como una estrategia deliberada para desgastar al oponente, lo cual es totalmente falso. Siendo como es el saque el golpe más importante en el tenis moderno, esto afectaba mucho al juego de Rafa, que tenia que desgastarse mucho en puntos disputados, mientras que sus oponentes conseguian “puntos gratis” al saque con facilidad, por ejemplo Roger Federer.

Pocos dias antes de comenzar el US Open 2010, Nadal se sacó de la manga un saque mejorado, consistente en cambiar ligeramente el grip de la empuñadura, para realizar saques planos y potentes, a diferencia de sus habituales saque liftados menos potentes. Esto sorprendió a propios y extraños, de la noche a la mañana Rafa estaba haciendo saques por encima del las 130 millas por hora. Buena muestra de ello es que en la final contra Djokovic las estadísticas del partido reflejaban que Nadal había conseguido más aces que el balcánico, y la velocidad media de sus primeros saques era superior.

Esa es una de las cualidades del manacorense que le hacen un gran campeón: su capacidad para mejorar, a base de ambición y trabajo duro. Así es como está asombrando al mundo y “retirando” al que se tiene por el mejor jugador de todos los tiempos, Roger Federer. También hemos visto en este último Grand Slam del año a un Nadal que se mueve con mucha soltura en la pista rápida, subiendo más a la red a volear (como dijo McEnroe, Rafa tiene una de las mejores voleas del circuito), y que saca de vez en cuando unos reveses cruzados muy potentes, otra arma mejorada.

En su día se dijeron muchas tonterías sobre el genio mallorquín. Que era solo otro especialista en tierra batida, que sus rodillas no aguantarían el desgaste y se retiraría joven, que es unidimensional y no tiene armas, que nunca ganaría Wimbledon, que nunca ganaría un Slam de pista rápida, etc, etc. Muchos le dieron por acabado después de su lesión en 2009. Yo no.

Para desplegar su mejor juego, Nadal necesita confianza, y ritmo de partidos (y de victorias). Y yo sospechaba que ese momentum para Rafa llegaría con la temporada de tierra batida este año. Y así fue; ganó Montecarlo, Roma y Madrid consecutivamente, ganó su 5º Roland Garrós, y el Nadal que salió de todo ello es un Nadal lanzado, al 100% de su forma mental y física, y ¡ay, amigo!, cuando Rafa es Rafa, ni en su peor superficie, ni los tipos que le han vencido en el pasado le pueden toser. Eso es de lo que no se dan cuenta sus detractores, por eso no ven venir sus triunfos, que les llegan como una bofetada en pleno rostro.

Ellos siguen preguntándose angustiados, cómo es posible que un jugador como Nadal haya conseguido en career Golden Slam (los cuatro grandes más la medalla de oro de los JJOO), siguen maldiciendo a los rivales de Rafa, que se empeñan en jugar sus peores partidos ante el de Manacor. Y es que no se dan cuenta de que es Nadal quien hace que sus oponentes parezcan mucho peores de lo que son, molestándoles y castigándoles continuamente con esas bolas altas liftadísimas, con esos banana shots de endiablado top-spin, que Rafa no solo lo devuelve todo, sino que lo devuelve contraatacando, haciendo pupita, minando psicológicamente al rival de manera progresiva.

Creo que a Nadal le quedan muchos Gran Slams por ganar todavía, y que al final de su carrera nos tocará deliberar sobre si ha sido el tenista más grande de todos los tiempos. De momento ha demostrado ser un jugador completo, capaz de vencer tanto en superficies lentas como rápidas (a diferencia del gran saque-voleador Sampras), y tiene en su haber una medalla de oro de los JJOO, cosa que no tiene Federer, con quien además mantiene unas estadísticas de enfrentamientos personales claramente favorables al jugador español (14-7).