De ayer, de hoy, de siempre

9 05 2011

Buenas noches, queridos amigos, después de varias semanas sin escribir, ¡vuelvo al emocionante reto de sentarme delante del ordenador!, con la sana intención, eso sí, de no abusar de polémicas, interpretaciones, acusaciones, descalificaciones, dimes y diretes a cuentas de la histórica serie de clásicos reciente. Sin duda la profusión de análisis tácticos, de aproximaciones, de artículos leídos, me secó el cerebro como a Don Quijote las aventuras de Tirante, así que poco más he podido aportar al respecto.

De todo cuanto he leído, me quedo con la reflexiones de Sámano y Del Bosque (tampoco es noticia), que eran más o menos las siguientes: el Madrid jugó el último partido, dice Sámano, conforme correspondía a su heráldica, el mejor o peor repertorio es cuestión de ciclos, pero un equipo no puede perder su fachada. Finalmente no la perdió el Madrid, como tampoco lo hizo el Barça hace unos años, en aquella semifinal inversa a ésta en la que el equipo entonces dirigido por Charly Rexach se fue a lo loco en el partido de ida en el Camp Nou, permitiendo a McManaman retratar a una defensa suicida y sellar el pase del Madrid a la Final.  Por su parte, al entrenador salmantino, cuando le preguntaron en la radio por la presunta deriva de los enfrentamientos entre jugadores nacionales, respondía, con su proverbial templanza, “mire usted, los Madrid – Barça, no se han empezado a jugar ahora”.

Son partidos de ayer, de hoy, de siempre. Trascenderán incluso, por imposible que pueda parecer, a Pep y a Mou, a Messi y a Cristiano, a Inda o Mascaró. Son dos equipos que ya eran grandes, grandísimos, y que de alguna forma en el pasado pudieron (no lo sé, ni estuve allí ni pretendo entender nada, ni creo que deba ser extrapolable al presente) concepciones diferentes de un país, así que de alguna forma u otra, y avivados por el fuego de la competitividad, periódicamente surgen conflictos. Figo, Mourinho u Ortíz de Mendíbil no son más que coartadas, muy bien utilizadas por cierto por medios a un lado y otro del puente aéreo.

De ayer, de hoy y de siempre, es también Zeljko Obradovic, ese técnico eterno que ayer se permitió igualar el solo el record de Copas de Europa de baloncesto que tiene el Real Madrid como club. Parece Obradovic un alquimista moderno que ha encontrado el elixir del éxito, aplicando en su Panathinaikos en el último lustro una peculiar filosofía, casi más vital que deportiva: descansar un año para ganar sin grandes complicaciones el siguiente. De la mano de Diamantidis, acaparador una vez más de cuantos premios individuales otorga la organización y con un juego por el que pocos trasnocharían por ver en la NBA (una NBA  que por una vez tiene al pequeño de los Gasol un escalón por encima del mayor), Obradovic volvió dar la enésima lección de planteamiento, de como imponer tu ritmo al rival (un Maccabi excesivamente dependiente de la mano de Pargo y excesivamente falto de la intensidad de Perkins), de como, en definitiva, ganar ocho Copas de Europa. Una Copa de Europa que al final le vino grande al Madrid, pero que debería hacerle ver que si, por una vez, confía en un bloque y en un proyecto a medio plazo, puede volver a ser grande en Europa. Enhorabuena a Nikola Mirotic por su elección como jugador sorpresa del torneo.

Podríamos hablar de más cosas, han sido muchas semanas, de la nueva amenaza que tiene Nadal en Novak Djokovic, del insólito finalista al que espera Dallas en el Oeste (Oklahoma o Memphis), de la final anticipada en el Este entre Boston y Miami, o del tímido despertar de Ferrari, pero permitirme que mi despedida, y la de este foro, sea hoy para acordarnos de dos deportistas que nos han dejado: uno, para transformarse en leyenda, el gran Seve Ballesteros, un pionero universal; el otro, presa del más grande de los infortunios, el belga  Wouter Weylandt, que ha muerto esta tarde en el Giro. Descansen en paz los dos.

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Un “deporte” llamado serving (Qué divertido es ver crecer la hierba I)

22 07 2010

Dirán que los jugadores tipo Karlovic, que solo tienen un saque hacen un juego aburrido. ¡Mientira, atroz mentira! El otro día pudimos observar un espectáculo celebrado por la propia Reina de Inglaterra y todos los próceres de R. U. y los hidalgos caballeros de la corte de Ávalon/Wimbledon: el partido más largo y heroico de la historia del tenis; Isner y Mahut, dos gladiadores que servía saque directo tras saque directo, y estrellaba valientemente la bola contra la red cuando trataban de restar algún que otro saque del oponente. Hicieron X aces, dando un gran espectáculo en cada uno de ellos, siendo aces de bella factura: los jugadores lanzaban la bola hacia arriba, flexionaban las rodillas y dejaban caer un misil.

Así habla el señor Abstruso. Al señor Abstruso le gusta el juego rápido y dinámico de los “pegapalos”. Puntos cortos, bolas que viajan a altas velocidades de forma plana y directa, pasando a pocos milímetros de la red, cuando la superan. Le divierte ver un montón de errores no forzados de parte de estos campeones sin paciencia, que ven en cada bola que les llega la oportunidad de cerrar el punto con el winner de sus vidas, y arrancarle la cabeza de cuajo al juez de linea que esté en el otro fondo, de paso.

El seños Abstruso se aburre con los pasabolas mentecatos que no hacen sino mandar bolas y más bolas altas a la luna, con un juego conservador, rácano y carente de toda graca. Le molesta sobremanera esas florituras de bolas con efecto, de top spin, eso es cosa de cobardicas, como ese tal Rafa Nadal, que no entiende por qué es tan alabado. Bien pensado, también es un misterio para el señor Abstruso el éxito de ese muchacho mallorquín sin armas, sin golpes definitivos, sin saque, que solo tiene piernas, y cuyos rivales, cuando juegan contra él, se muestran misterisamente patosos e inhábiles, y se dejan perder de manera ominosa ante este “jugador menor” injustamente subido a los altares, según el señor Abstruso.

Desgraciadamente, hoy en día en el mundo de los aficionados al tenis, hay mucho señor abstruso suelto, incapaz de entender que si hay algo aburrido en el tenis es ver como dos tipos de metro noventa hacen una sucesión de aces sin apenas intercambios, que lo divertido es el peloteo que se hace para ganar posición en la pista, que ver a Nadal recuperando una bola imposible y haciendo un passing imprevisible y mágico es de las cosas más grandes que se pueden ver en este deporte, y que si los rivales de Nadal juegan tan mal contra él es porque el genio de Manacor les fuerza a jugar mal, tirándoles bolas altas y con efecto, difíciles de controlar; no se limita a pasar bolas, arma su brazo con tal efecto zurdo que descoloca a sus adversarios. Pero el señor Abstruso también podría ser llamado el señor Erre que Erre, pues no es fácil hacer recapacitar a quien está acostumbrado a ver el mundo en blanco y negro.