La cultura del resultado

13 12 2010

Vaya por delante que estas líneas las escribiré más por opiniones y conclusiones personales que por un profundo conocimiento del tema. Es lo que tiene esta cultura informativa preponderante, especialista en crear constantemente “estados de alarma” que dificultan entender verdaderamente la naturaleza de los problemas tratados. No sería justo dedicarle a un deporte al que hasta ahora solo nos hemos acercado en cinco ocasiones, según las estadísticas de la página, menos aún a la hasta ahora y mientras la Justicia no dictamine lo contrario, mejor atleta española de todos los tiempos (tomamos nota de paso, con propósito de enmienda, del escaso seguimiento del deporte femenino) toda la suerte de descalificaciones que se han leído estos días: son los de siempre, los que han consagrado la cifra de ventas como eje fundamental de su línea editorial. No me siento legitimado para aproximarme cual buitre carroñero ahora,  sin haber sido fedatario también de la mayoría de los buenos momentos.

Pero lo cierto es que hay una operación abierta, con varios atletas y personajes del entorno implicados. Dicen quienes saben, y coincido con ellos, que éste es el camino: delimitar claramente sustancias y prácticas prohibidas, no dejar de investigar y seguir la pista de nuevos métodos, sabiendo que el dopaje siempre irá por delante de la ley, y a partir de ahí aplicar tolerancia cero con quienes se salgan del camino. Sean quienes sean. La Operación Puerto supuso, entre otras, la desmantelación de una estructura histórica en el mundo del ciclismo español. De la Operación Galgo pocas consecuencias conocemos, pero parece haber sepultado para siempre la carrera de Marta Domínguez. Si era culpable, aplíquesele la Justicia: deportiva si cometió fraude e incluso ordinaria si se demuestra delito de incitación o facilitación tipificado en el Código Penal. Pero con respeto, dejemos a la Justicia actuar y no practiquemos antes de tiempo esa costumbre tan nuestra de sacrificar al ídolo.

Pero, ¿por qué existe el dopaje? ¿Solo por el ego desmedido de unos pocos y el ansia de parné de otros tantos? ¿Qué hay detrás de ese ego? Alguien mejor que yo puede contestar esta pregunta, si tenéis tiempo echadle un vistazo a este enlace, para mí, lo clava:  http://www.elpais.com/articulo/deportes/Dopaje/sociedad/elpepidep/20101213elpepidep_6/Tes

Ya dije hace unas semanas que lo que no podíamos hacer era pedirle al ciclismo, al atletismo, al deporte en general, algo que la propia sociedad no es capaz de entender. Vivimos en una sociedad de consumo, en la cultura del objetivo constante, del resultado, del qué, sin importar el cómo. Quien trabaje en una empresa habrá vivido alguna situación en la que se le insta, a veces con presiones inaguantables, a conseguir objetivos, serpenteando, si ello fuera preciso, ciertas barreras éticas. Después, en la hora de la caída, la organización será la primera en cuestionar los métodos del infractor, aplicando sin piedad su código disciplinario y aireando ante la opinión pública las conocidas buenas prácticas de la firma.

Sin esta perniciosa cultura del éxito, el dopaje no tendría sentido. Esta cultura del éxito, del resultado como objetivo vital tiene efectos devastadores. En Japón es cada vez más frecuente el fenómeno de los hikikomoris, jóvenes varones primogénitos de la familia que deben superar una prueba similar a nuestra selectividad para poder acceder a las mejores universidades del país y poder proseguir así su ciclo exitoso. Los fracasados, los hikikomoris, sufren tal depresión que pasan el resto de sus días encerrados en el sótano del domicilio familiar, durmiendo y enganchados a las consolas de día y malcomiendo de noche, evitando cualquier contacto con la familia, tal es su vergüenza, hasta que un día deciden suicidarse.

Ante esta presión surge el recurso al atajo, a la trampa, terreno abonado para el surgimiento de entornos que entonan cantos de sirena peligrosos para el deportista de élite. El colorario de todo esto es que estamos copiando métodos propios de la oscura Alemania Oriental, perdiendo de vista que el deporte, aunque sea de élite, debe ser ante todo deporte, visión que hoy en día se antoja romántica. Todos debemos hacernos esta reflexión. La de si queremos un deporte verdadero o si estamos dispuestos a sacrificarlo todo, incluso la vida de los deportistas, en aras de llevar al extremo aquel lema de Citius, altus, fortus, más allá incluso de los límites del cuerpo humano, como pregonaba abiertamente el técnico Manolo Pascua.

Reclamemos la importancia del cómo. Si algo, perdón por meter el fútbol, ha hecho célebre al Barcelona en los últimos veinte años, ha sido esta cultura del cómo. Lo importante es el camino, como decía Machado. Cuesta entender por tanto que una institución tan pendiente de estos detalles haya claudicado en su batalla por defender un discurso único e irrepetible manchando su camiseta con el logo de Qatar Foundation. Es la cultura del resultado amigos.

La Navidad ya la tenemos a la vuelta de la esquina, os dejo este pequeño avance de los regalos que nos traerán los Reyes: es una grabación en la que Harry Nilsson le pone voz al Many Rivers to Cross. Notaréis una voz desgarrada: dicen que terminaba las grabaciones de este disco que grabó con John Lennon escupiendo sangre, se rompía literalmente la garganta: http://www.youtube.com/watch?v=wgzWqfZo8fY&feature=player_embedded

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Una carnicería

4 10 2010

La información deportiva tiene elementos a los que consideramos como parte del paisaje: debates sobre estados de forma de determinados jugadores, puentes aéreos que traspasan las crisis de una jornada a otra o declaraciones altisonantes del incendiario de turno. Desgraciadamente en los últimos años ha aparecido un nuevo ítem informativo, que periódicamente irrumpe indetectable desde la segunda línea para sacudir los cimientos de nuestro panteón: el doping asociado al ciclismo. Esta semana ha sido especialmente dolorosa con los positivos de Contador y Mosquera, ante el que nos mostrábamos admirados hace apenas un par de semanas.

Pero centrémonos hoy, por su trascendencia y por las peculiaridades que rodean el caso, en el campeón madrileño. Curioso el caso de Contador: la suficiencia con la que se ha manejado en las grandes vueltas (desde su irrupción en 2007 no ha doblado todavía la rodilla en una grande) contrasta con las dificultades que ha tenido que sortear fuera de la carretera: cavernoma, exclusión por supuesta implicación de su equipo en la Operación Puerto, tensión por la cohabitación con Armstrong en el seno de su propio equipo, discutible gestión del incidente de la cadena el pasado Tour… La carrera de Contador ha estado salpicada de pruebas que el pistolero ha ido superandoo hasta ahora, pero en este caso estamos ante un enemigo diferente.

¿Culpable o inocente?, ¿pueden 50 picogramos de una droga utilizada hace décadas en halterofilia mejorar el rendimiento de un ciclista que como maillot amarillo del Tour ha sido sometido a todo tipo de análisis?, ¿de qué sirve entonces el pasaporte biológico?, Landis, Heras, Armstrong ¿limpios o sucios? Más interrogantes sobre un deporte que no deja de arrojar sombras sobre sí mismo. A largo plazo, un efecto letal: no se puede admirar algo sin saber si es una mentira. Quizá sería pedirle al ciclismo algo que otras esferas de la vida misma tampoco es capaz de dar: verdad. ¿Son honrados nuestros dirigentes?, ¿es verdad lo que nos dicen los periódicos?

Persigamos a los tramposos, sin desmayo, erradiquémoslos del ciclismo (o reinsertémoslos una vez admitida su culpa, cumplida su sanción y prestada la colaboración necesaria) pero seamos justos y no rompamos siempre la cadena por el eslabón más débil. No somos ni periodistas ni médicos deportivos, pero los expertos en lucha antidopaje, los que de verdad saben de esto, señalan que es en las mafias, las redes de distribución, dónde hay que descargar toda la presión (no digo ya deportiva, sino judicial y policial). Si es verdad que el presunto “positivo”, da casi risa escribirlo, se conoció a finales de agosto, y que en el peor de los casos para Alberto podría enmascarar una autotransfusión, ¿no ha habido tiempo de conocer algunos resultados más concluyentes?, ¿quién ha filtrado la noticia?

Señores de la UCI, gestores del ciclismo, cuiden este deporte. No lo hagan por sus incondicionales seguidores. Piensen en sus bolsillos. Las sombras alejan a los patrocinadores, no digamos ya en época de crisis. No nos engañemos: la irrupción de Telefonica en el pelotón ha sido un oasis en el desierto: tan solo Euskaltel ha corrido este año el Tour como equipo español. Y sin patrocinadores en el deporte moderno, sin televisiones que paguen derechos, se acabó. Y sin carreras, no hay beneficios señores. Porque lo triste es que esta carnicería no acabará aquí como tampoco acabó tras los casos Festina, Pantani, Puerto, Landis… Tan solo pedimos saber si lo que vemos es verdad. Si no, un día veremos las carreras de bicicletas junto a las de cuadrigas en algún rincón de los libros de historia.

Dedicado a the most wondeful person I’ve ever met. ¿Qué pasará mañana? http://www.youtube.com/watch?

v=v_78yVQ_3yE