Estrellas sin brillo

2 03 2012

El pasado fin de semana coincidieron en el tiempo y casi en el espacio dos de los grandes acontecimientos en cuanto al glamour se refiere; sí, amigos. Me refiero a los Oscars y al All-Stars weekend de la NBA. Lógicamente aquí no nos vamos a poner a hablar de los Oscars, pero si vamos a hacer un paralelismo entre estas dos pasarelas de celebrtities: Los Oscars es la gran fiesta del cine en la que hay de todo menos cine y el All-Stars es la gran fiesta del Baloncesto en la que hay de todo menos baloncesto. Que aprendan de nuestra Copa del Rey a la que quizá le falten unos concursos de habilidades (triples, mates, etc…).

Peor quizás la comparación adecuada no sea con la Copa del Rey, sino con un partido de fútbol de estos que son del tipo “Amigos de Zidane contra amigos de Ronaldo”. Un partido jugado sin sustancia ni intensidad, sin defensas, puede resultar vistoso en cuanto a jugadas superlativas de cara a la galería, tipo Globe Trotters, pero estará irremisiblemente falto de la garra y la emoción que da la alta competición de un partido oficial.

A esto se le añade la absurda obsesión de todos los que participan por ganar el MVP del partido, que absurdamente es lo único que queda para la historia de estos partidos de las estrellas, y algunas veces hace que compitan jugadores de la misma conferencia por este absurdo galardón de primadonnas. Como si el baloncesto fuera un deporte individual y no colectivo.

Aun así lo que más detesto de los All-Stars games son los procesos de selección tipo Yao Ming (jugador ultra mediocre) o en el caso de este año la imposició del base de los Knicks Jeremy Linn por hacer 3 semanas buenas de competición, esto es convertir la NBA en un Gran Hermano, un concurso de popularidad. Jeremy Linn es la típica tontería americana de : “Ese chico podía ser tu vecino” en película de hechos reales de Antena 3 los fines de semana al medio día.

Una posible manera de mejorar el All-Stars sería incentivando económicamente con una gran suma de dinero al equipo ganador. Eso haría que se lo tomaran más en serio, y que no hubiera defensas blandas y resultados del tipo 149-152 que devalúan el baloncesto. O bien la participación en los concursos de mates y triples de jugadores semi-desconocidos, pero que sean realmente buenos en esa especialidad.

 

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“I have a really, really, really busy summer”

19 04 2010

Palabra de LeBron James, aquel jugador que en el cuarto decisivo de la final olímpica de Pekín suplicó con el gesto de una plegaria a Mike Kryzewski que no lo retirara tras su cuarta falta personal, prometiendo concentración en defensa sin excederse con su superioridad física. “Tengo un verano muy, muy, muy ocupado” viene decir ahora el escolta/alero de los Cavs eludiendo la llamada a filas de la US Basketball para el próximo Mundial de Turquía, cita considerada tradicionalmente de menor rango para los americanos.

No será el único desertor: al rey de Cleveland se le unirán, que sepamos a fecha de hoy, nada menos que Kobe Bryant y Dwyane Wade, o lo que es lo mismo, Turquía no verá al Big Three, el temible tridente que forman los mejores jugadores del mundo, 61 puntos de los 118 que la última versión del Dream Team necesitó para derrotar a España en la final olímpica. Semejante apego a la causa de las principales referencias de la selección ha tenido efectos devastadores en la “clase media-alta”, con dudas en la participación de hombres como Dwight Howard, Chris Bosh… un éxodo que deja las riendas de la selección americana en manos de actores de menor perfil y del talento de Kevin Durant, la última gran noticia de la NBA.

Nada nuevo bajo el sol para selecciones como la americana o la serbia, que han venido tomándose los campeonatos de baloncesto, especialmente aquellos fuera del calendario olímpico, como una distracción menor, acaso un banco de pruebas para secundarios o nuevas promesas, algo trivial comparado con la importancia de la liga, competición a la que consagran esfuerzos y cuidados.

La última en sumarse a esta costumbre ha sido, como parece corresponder a su gozosa condición de campeona, la llamada ÑBA. Parece que el concurso de Pau Gasol está en el aire, y que el tiro entre dependerá más de una cuestión familiar (la sociedad que puede firmar con su hermano Marc) que de la habilidad persuasiva de Sáez y Scariolo. En este caso sin embargo, el compromiso ha quedado acreditado más que sobradamente. Salvo en 2005 Pau nunca ha fallado a su cita, aún a riesgo de perderse parte de una temporada. Los años pasan y las temporadas con los Lakers son largas. Además, si finalmente Pau no está en Turquía no será un portazo a la selección, la puerta quedará entreabierta, por lo menos, hasta los Juegos de Londres dentro de dos años.

¿A qué viene esta entrada en pleno mes de abril, con las semifinales de la Champions a la vuelta de la esquina, el inicio de los play-off NBA y el retorno de Rafa Nadal a la tierra prometida? Hay una noticia estos días que pasa casi inadvertida, no para los aficionados atléticos pero sí para los titulares de la prensa, perdidos entre canguelos y autobuses: Fernando Torres se operará y su presencia en el Mundial queda garantizada. Curioso, el Liverpool en venta, su temporada (ésta y quien sabe si su futuro a medio plazo) pendiente de una plaza en Champions cada vez más lejana, inmerso en semifinales en la Europa League…. y su máximo goleador en el dique seco por lo que resta de temporada.

¿Por qué esta diferencia de compromiso entre el fútbol y el baloncesto? ¿Qué dirían por ejemplo en Argentina si Messi renunciara al Mundial por el desgaste que le supone jugar en un club como el Barcelona? ¿Tanto poder de presión tienen la FIFA y la UEFA para obligar a los clubs a ceder a sus internacionales y tan poco tiene la FIBA? ¿Qué se me escapa?