El Rey de la Tierra, la Hierba y la Pista Dura

21 09 2010

Lo hizo. Rafa ganó el US Open 2010, el último que le quedaba para completar el póker de Grand Slams que le da una mano ganadora para coranarse como el mejor tenista del mundo.

Sus detractores habituales (auténticos “odiadores de Rafa” profesionales) le echaban en cara que su limitado (según ellos) estilo de juego no le permitía triunfar en la rápida superficie de Flushing Meadows. Ahora el de Manacor les ha cerrado la boca con un triunfo consiguido a base de una serie de mejoras en su juego de pista rápida que le convierten en una auténtica bestia parda sobre una pista de tenis.

Nadal es un jugador con muchísima técnica y calidad. Sus zurdazos incomodan muchísimo a sus rivales, aunque no es un zurdo natura. Esto no se nota en sus drives de zurda, que son potentísimos, pero sí en su saque, o por lo menos hasta ahora se notaba. Siendo un movimiento menos natural que el golpe de derecha, el saque requiere una gran potencia, combinado con un gran control sobre dónde queremos que vaya la bola. Y en este aspecto, el saque del falso zurdo Nadal no estaba a la altura del nivel de otros grandes jugadores. Al sacar con su brazo no-natural, necesita mucha concentración para hacerlo bien, por eso se toma tanto tiempo antes de sacar, cosa que sus detractores se empeñan en tachar como una estrategia deliberada para desgastar al oponente, lo cual es totalmente falso. Siendo como es el saque el golpe más importante en el tenis moderno, esto afectaba mucho al juego de Rafa, que tenia que desgastarse mucho en puntos disputados, mientras que sus oponentes conseguian “puntos gratis” al saque con facilidad, por ejemplo Roger Federer.

Pocos dias antes de comenzar el US Open 2010, Nadal se sacó de la manga un saque mejorado, consistente en cambiar ligeramente el grip de la empuñadura, para realizar saques planos y potentes, a diferencia de sus habituales saque liftados menos potentes. Esto sorprendió a propios y extraños, de la noche a la mañana Rafa estaba haciendo saques por encima del las 130 millas por hora. Buena muestra de ello es que en la final contra Djokovic las estadísticas del partido reflejaban que Nadal había conseguido más aces que el balcánico, y la velocidad media de sus primeros saques era superior.

Esa es una de las cualidades del manacorense que le hacen un gran campeón: su capacidad para mejorar, a base de ambición y trabajo duro. Así es como está asombrando al mundo y “retirando” al que se tiene por el mejor jugador de todos los tiempos, Roger Federer. También hemos visto en este último Grand Slam del año a un Nadal que se mueve con mucha soltura en la pista rápida, subiendo más a la red a volear (como dijo McEnroe, Rafa tiene una de las mejores voleas del circuito), y que saca de vez en cuando unos reveses cruzados muy potentes, otra arma mejorada.

En su día se dijeron muchas tonterías sobre el genio mallorquín. Que era solo otro especialista en tierra batida, que sus rodillas no aguantarían el desgaste y se retiraría joven, que es unidimensional y no tiene armas, que nunca ganaría Wimbledon, que nunca ganaría un Slam de pista rápida, etc, etc. Muchos le dieron por acabado después de su lesión en 2009. Yo no.

Para desplegar su mejor juego, Nadal necesita confianza, y ritmo de partidos (y de victorias). Y yo sospechaba que ese momentum para Rafa llegaría con la temporada de tierra batida este año. Y así fue; ganó Montecarlo, Roma y Madrid consecutivamente, ganó su 5º Roland Garrós, y el Nadal que salió de todo ello es un Nadal lanzado, al 100% de su forma mental y física, y ¡ay, amigo!, cuando Rafa es Rafa, ni en su peor superficie, ni los tipos que le han vencido en el pasado le pueden toser. Eso es de lo que no se dan cuenta sus detractores, por eso no ven venir sus triunfos, que les llegan como una bofetada en pleno rostro.

Ellos siguen preguntándose angustiados, cómo es posible que un jugador como Nadal haya conseguido en career Golden Slam (los cuatro grandes más la medalla de oro de los JJOO), siguen maldiciendo a los rivales de Rafa, que se empeñan en jugar sus peores partidos ante el de Manacor. Y es que no se dan cuenta de que es Nadal quien hace que sus oponentes parezcan mucho peores de lo que son, molestándoles y castigándoles continuamente con esas bolas altas liftadísimas, con esos banana shots de endiablado top-spin, que Rafa no solo lo devuelve todo, sino que lo devuelve contraatacando, haciendo pupita, minando psicológicamente al rival de manera progresiva.

Creo que a Nadal le quedan muchos Gran Slams por ganar todavía, y que al final de su carrera nos tocará deliberar sobre si ha sido el tenista más grande de todos los tiempos. De momento ha demostrado ser un jugador completo, capaz de vencer tanto en superficies lentas como rápidas (a diferencia del gran saque-voleador Sampras), y tiene en su haber una medalla de oro de los JJOO, cosa que no tiene Federer, con quien además mantiene unas estadísticas de enfrentamientos personales claramente favorables al jugador español (14-7).

Anuncios




Un “deporte” llamado serving (Qué divertido es ver crecer la hierba I)

22 07 2010

Dirán que los jugadores tipo Karlovic, que solo tienen un saque hacen un juego aburrido. ¡Mientira, atroz mentira! El otro día pudimos observar un espectáculo celebrado por la propia Reina de Inglaterra y todos los próceres de R. U. y los hidalgos caballeros de la corte de Ávalon/Wimbledon: el partido más largo y heroico de la historia del tenis; Isner y Mahut, dos gladiadores que servía saque directo tras saque directo, y estrellaba valientemente la bola contra la red cuando trataban de restar algún que otro saque del oponente. Hicieron X aces, dando un gran espectáculo en cada uno de ellos, siendo aces de bella factura: los jugadores lanzaban la bola hacia arriba, flexionaban las rodillas y dejaban caer un misil.

Así habla el señor Abstruso. Al señor Abstruso le gusta el juego rápido y dinámico de los “pegapalos”. Puntos cortos, bolas que viajan a altas velocidades de forma plana y directa, pasando a pocos milímetros de la red, cuando la superan. Le divierte ver un montón de errores no forzados de parte de estos campeones sin paciencia, que ven en cada bola que les llega la oportunidad de cerrar el punto con el winner de sus vidas, y arrancarle la cabeza de cuajo al juez de linea que esté en el otro fondo, de paso.

El seños Abstruso se aburre con los pasabolas mentecatos que no hacen sino mandar bolas y más bolas altas a la luna, con un juego conservador, rácano y carente de toda graca. Le molesta sobremanera esas florituras de bolas con efecto, de top spin, eso es cosa de cobardicas, como ese tal Rafa Nadal, que no entiende por qué es tan alabado. Bien pensado, también es un misterio para el señor Abstruso el éxito de ese muchacho mallorquín sin armas, sin golpes definitivos, sin saque, que solo tiene piernas, y cuyos rivales, cuando juegan contra él, se muestran misterisamente patosos e inhábiles, y se dejan perder de manera ominosa ante este “jugador menor” injustamente subido a los altares, según el señor Abstruso.

Desgraciadamente, hoy en día en el mundo de los aficionados al tenis, hay mucho señor abstruso suelto, incapaz de entender que si hay algo aburrido en el tenis es ver como dos tipos de metro noventa hacen una sucesión de aces sin apenas intercambios, que lo divertido es el peloteo que se hace para ganar posición en la pista, que ver a Nadal recuperando una bola imposible y haciendo un passing imprevisible y mágico es de las cosas más grandes que se pueden ver en este deporte, y que si los rivales de Nadal juegan tan mal contra él es porque el genio de Manacor les fuerza a jugar mal, tirándoles bolas altas y con efecto, difíciles de controlar; no se limita a pasar bolas, arma su brazo con tal efecto zurdo que descoloca a sus adversarios. Pero el señor Abstruso también podría ser llamado el señor Erre que Erre, pues no es fácil hacer recapacitar a quien está acostumbrado a ver el mundo en blanco y negro.