Se busca patrón* (Capítulo I)

5 05 2012

El Giro de Italia busca patrón. Ausente el campeón* desprovisto además de su valioso triunfo el año pasado (en una decisión inédita del TAS, por más culpable* que fuera en el Tour 2010, el Tour de la cadena en el Port de Balès, Alberto no registró ni un solo positivo durante toda la carrera italiana), las carreteras italianas brindarán a los ciclistas italianos, son Scarponi y Nibali a la cabeza, la oportunidad de reconquistar su carrera. La del verano de 2012 va a ser una temporada ciclista extraña, toda vez que la de primavera coloca a Tom Boonen, con su cuarta París-Roubaix o su tercer Tour de Flandes entre otras, como referente en las clásicas.

Serán un Giro y un Tour que buscarán nuevo patrón*, con el puesto vacante hasta la Vuelta en agosto de Alberto Contador, y el abismo entre el pinteño y el resto de los mortales: a su máximo rival el luxemburgués Andy Schleck no se le recuerda protagonizando etapa emocionante alguna, Cadel Evans parece algo mayor para discutirle el trono a nadie, los británicos Wiggins y Froome parecen más centrados este año en sus Juegos Olímpicos que en el circuito, el propio Alberto volverá en la Vuelta dispuesto a demostrar quién es el verdadero patrón… nadie de estos outsiders figuran en la lista de salida del Giro en Dinamarca, así pues parece una carrera reservada a la segunda unidad del pelotón mundial.

¿Quedan por tanto argumentos para intentar sintonizar algún canal e intentar seguir este Giro? Pues a pesar de todo, sí: la recurrente disputa Italia (Scarponi, Nibali, Basso)-Resto del Mundo (Kreuziger, Rujano, españoles) o la emoción del retorno al siempre temido Mortirolo, una Cima Coppi en los más de dos mil setecientos metros del Passo dello Stelvio, el primer capítulo en esta búsqueda de la definición del nuevo orden mundial del ciclismo hacen de este Giro algo más que la edición post-2011. El Giro de esa edición forma parte del panteón de grandes carreras del ciclismo moderno, junto con las ediciones del 94 o el 98.

Si en el 94 los organizadores tuvieron la osadía de unir en una misma etapa las subidas a Stelvio y Mortirolo, dando la alternativa a un joven Marco Pantani o en el 98 el propio Pirarta disputaba una de sus más bellas gestas contra Pavel Tonkov en las duras rampas del Plan de Montecampione, la edición del año pasado, marcada por la subida al Etna en la primera semana, contó con una trilogía dolomítica infernal con los finales en Glossglockner, Zoncolan y Gardeccia, con un protagonismo inesperado de dos hombres de Euskaltel, Igor Antón (Zoncolan) y Mikel Nieve (Gardeccia), en la que se ha dado en considerar la etapa más salvaje del ciclismo moderno, con más de 6.000 kilómetros de desnivel acumulados en un único día.

Acudirá Mikel Nieve este como jefe de filas de la combativa Euskaltel, y será uno de los hombres a seguir, junto con los otros dos líderes, Beñat Intxausti (Movistar), avalado por su reciente éxito en la Vuelta a Asturias, y Quim el “Purito” Rodríguez, quinto el año pasado. Una nueva generación de líderes que busca empezar a gobernar un nuevo tiempo. Un nuevo tiempo en el que el ciclismo, de nuevo, busca patrón*.

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Las bicicletas son para el verano

15 03 2010

El esperanzador inicio de la temporada en F1, nueva marea roja astur incluida, los hat trick del mago Messi y el cuestionado Higuaín, las platas del Mundial Indoor de Atletismo… un fin de semana más, tenemos que esperar a la tercera o la cuarta noticia del día para descubrir que un tal Alberto Contador sigue poniendo patas arriba la concepción moderna del ciclismo profesional. Es curioso el tratamiento mediático que se le da en este país al ciclismo, grandilocuente cuando se trata de desenmascarar tramposos, pero mucho más rácano de no mediar escándalo de dopaje. Como en otras muchas ocasiones, su momento de gloria en portadas se reduce a las dos o tres etapas de rigor del Tour de Francia y la foto finish de los Campos Elíseos, siempre y cuando eso sí, no haya habido presentación cósmica, reunión en yate pre-dicha presentación cósmica o cena pre-yate-pre-presentación cósmica el día previo.

De esta pasta está hecho el ciclismo, deporte con tanta capacidad de inflamar el ánimo del que lo ha conocido como para pasar desapercibido a los ojos del gran público. Una pena: no ha habido ningún otro deporte que internacionalmente nos haya dado tanto a lo largo de tanto tiempo: desde los maillots a topos rojos de Bahamontes y Julio Jiménez o las victorias por equipos del mítico Kas, al dominio insultante de Indurain, los tres mundiales de Óscar Freire, el olímpico de Samu Sánchez, o todas las clásicas de Alejandro Valverde.

Con el cambio de milenio asumimos como infalible un nuevo modelo de preparación para llegar al Tour en plena forma: Lance Armstrong y Bruyneel, que siempre admiraron a Indurain, replicaron la táctica de sus dos últimos años en activo, no dejarse ver en grandes pruebas de invierno, renunciar a Giro y Vuelta, y asomarse por la Dauphiné Libéré sin grandes excesos para coger un único pico de forma en la temporada en el mes de julio. Esta teoría venía reforzada año tras año por el hecho de que rivales que en junio le habían puesto contra las cuerdas (especialmente recordada fue su derrota ante Iban Mayo en la Dauphiné del 2004) claudicaban ante el imparable molinillo un mes más tarde. Pero, después de la vuelta triunfal por los Campos Elíseos, desaparecía de la circulación sin más noticias hasta el año siguiente.

Sin embargo, no siempre fue así. La temporada ciclista empieza en enero (Tour Down Under) y ya en marzo tiene interesantísimas carreras como la París-Niza o la Tirreno-Adriático, muchas veces desconocidas pero con larga tradición en sus países. Son, junto con la Milan-San Remo, las tres grandes citas ciclistas de invierno, carreras respetadas y amadas por los históricos de la bicicleta: antes que Contador inscribieron su nombre como ganadores de la Carrera del Sol hombres como Louison Bobet, Jacques Anquetil, Eddy Merckx, Joop Zoetemelk o Miguel Indurain, sin impedirles por eso que meses más tarde lucieran bajo el sol de julio.

La irrupción de Contador ha sido una bendición para el milimetrado programa ciclista actual, tiempo de pinganillos y de dosificación de esfuerzos hasta el kilómetro tres a meta. Lo del pistolero de Pinto empieza a ser paranormal, ha ganado las últimas cuatro grandes en las que ha participado (Giro’2008 sin apenas entrenarse incluido), y ha jalonado estos triunfos con victorias ilustres como dos París-Niza, dos Vueltas a Castilla-León, y otras tantas al País Vasco y al Algarve, lo que le diferencia sustancialmente de los gurús del nuevo tiempo. Cuando Contador se retire posiblemente no haya podido llegar a ganar siete Tours de Francia, pero su dimensión como ciclista  habrá sido mucho más grande que la de Lance Armstrong. A fin de cuentas, ¿alguien puede considerar al americano como el más grande de siempre simplemente por el hecho de haber ganado más Tours que nadie? ¿No tienen mucho más mérito los cinco Tours, Giros y dos vueltas de Eddy Merckx? ¿O incluso los cinco Tours, dos Giros, record de la Hora y oro olímpico de nuestro Miguelón?

La París-Niza de este año nos deja la preciosa imagen del podio final con Alejandro Valverde y Luis León Sánchez (ojo al murciano este verano, sigue progresando y lo doy como revelación, escrito queda) y la sensación de que nuestro ciclismo tiene cuerda para rato y vida más allá del todopoderoso Contador. Este pequeño Tour de Invierno al que han faltado pocos de los gallos nos señala también al equipo que deben apuntar quienes busquen dar guerra al madrileño, el Liquigas de Roman Kreuziger, pero también de Vincenzo Nibali, incluso del jovencísimo Peter Sagan. Y, eso sí, nos alerta de que ante los multimillonarios Saxo Bank o Radio Shack y a falta de comprobar el estado de forma y compromiso de Vinokourov y Pereiro,  el Astana puede andar algo justo de fuerzas.

Seguiremos comentado la temporada, la primavera promete emociones fuertes.