Reyes bajo un nuevo Sol

18 01 2011

Finalizó la primera de las grandes citas mundiales del deporte de cada año, no en vano, la salida del Dakar suele coincidir con la resaca de Año Nuevo, y lo hace manteniendo en el mundo del motor la sensación de supremacía global del curso pasado. A pesar de la enésima decepción (entiéndasenos ésta como decepción con las circunstancias que han vuelto a apartar a uno de los grandes con mayúsculas de cualquiera de nuestros deportes en, por lo menos, las dos últimas décadas) que supuso la pérdida del liderato de Carlos Sáinz, ha sido un Dakar histórico, con las victorias, y van tres, de Marc Coma en motos y de Laia Sanz en categoría femenina.

Es el Dakar uno de aquellos territorios, quizá el más exagerado, en el que se dan algunas contradicciones semánticas, fruto desde luego del afán conservacionista por marcas de rentabilidad garantizada. Así, la Copa de América, puede disputarse perfectamente en aguas valencianas (existen explicaciones al respecto) del mismo modo que la Vieja Copa de Europa en cuyo trofeo leemos grabado Coupe des clubs champions européens hace tiempo que dejó de ser la competición exclusiva y sacrificada por la que los campeones de Liga hubieron de renunciar en ocasiones a sus campeonatos domésticos. Sin embargo, en pocos casos es tan llamativa como, chocante, la permanencia de un nombre como en el Dakar.

Si bien rally raid auspiciado por Francia mantiene algunos o casi todos de los valores de la vieja prueba africana (la empresa organizadora, el afán por descubrir nuevos horizontes y, por encima de todos, el espíritu de compañerismo para superar la adversidad del desierto), sigue pareciendo curiosa la denominación como Dakar. Cuestión semántica que no resta ni un ápice a los desiertos de Atacama o la Pampa, pero del mismo modo que cuesta imaginar un partido en el All England’s Club sin el té de las cinco, se hace difícil un Dakar sin poblado bereber. Fueron precisamente los excesos cometidos en estos poblados las principales causas esgrimidas por organizaciones terroristas para boicotear el rally. El hecho de que las reivindicaciones para parar el Dakar hayan sido puestas encima de la mesa por estas organizaciones no impide que no nos planteemos la reflexión de si el Dakar no habrá sido el colorario, una nueva expresión del colonialismo europeo en África. ¿Eran ayuda humanitaria o simplemente mala conciencia europea tras el saqueo las transferencias a los gobiernos de los países del Sáhara? La vuelta a la madre África sigue planeando en la mente de pilotos y espectadores. Visto el avance de organizaciones como AQMI en la zona, surge el escepticismo.

Así pues ha sido un nuevo Sol, no el Sol africano, el que ha coronado a Coma y Sanz como Reyes del Dakar en la categoría de motos en 2011. También ha sido testigo este nuevo Sol de un nuevo duelo entre Carlos Sainz y el vencedor final el qatarí Nasser Al-Attiyah, quienes ya tuvieron sus más y sus menos el año pasado. En cualquier caso, el rally acredita a Coma como mejor piloto de motos en rallys de la actualidad. Solo que en vez de hacerlo en las playas del Lago Rosa, lo hizo bajo el Sol austral de Buenos Aires.

Hoy no hay recomendación musical, pero sí vital. Hablamos de aventuras y aventuras os dejo. Las de este barcelonés que ha hecho de viajar su forma de vida. Hasta pronto.

http://www.jorgesanchez.es/

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Cien guineas de oro o la conquista del Everest de los Mares

10 02 2010

Cuando en 1896 el rey de Grecia declaró inaugurados los Primeros Juegos Olímpicos de la Era Moderna de Atenas existía una competición casi medio siglo más antigua. Esta competición sigue aún hoy celebrándose, la más antigua del mundo: la Copa del América de Vela, auspiciada, como no, por ociosos caballeros británicos de mediados del siglo XIX y, por supuesto, nunca ganada por un barco inglés en sus ciento cincuenta y nueve años de historia.

En aquella ocasión, año 1851, los tripulantes del Club de Yates de Nueva York fueron más rápidos en dar la vuelta a la isla de Wight en su goleta America que los barcos del Real Escuadrón de Yates de Londres y desde entonces, durante ciento treinta y dos años defendieron en veintitrés regatas más el aguamanil de plata valorado en cien guineas de oro con el que se premia al ganador.

Además de ser la más antigua del mundo, la Copa del América debe ser la competición más respetuosa con su reglamento, un documento llamado Deed of Gift donde se plasma del puño y la letra del último superviviente del America a finales del siglo XIX toda la normativa de esta extraña competición, normativa que únicamente ha podido ser modificada en dos ocasiones en estos últimos ¡ciento veinte años! por el Tribunal Supremo del Estado de Nueva York, y en el que se sustentan sus peculiaridades: desde el procedimiento por el cual el retador y el defensor del título acuerdan las fechas y lugares del desafío (gracias al cual Valencia repite como organizadora de la regata) hasta las dimensiones del campo de batalla.

Mucho más reciente en el tiempo es la creación de la Whitbread Round The World Race, más conocida por estas latitudes como la Volvo Ocean Race, vuelta al mundo a vela, un maratón de nueve meses a través de los océanos del mundo.

Totalmente alejada en esencia, si la America’s Cup se puede considerar la F1 del mar, con multimillonarios de la lista Forbes como armadores y mecenas de buques en los que gastan millones de dólares, la Volvo sin embargo es un reto a medio camino entre locos visionarios que cruzaron en globo el Atlántico o intentaron llegar a la Antártida y deportistas extremos. Una conquista del Everest de los mares, título oficioso que se disputa con la Vendée Globe, más extrema, sí, sin escalas ni asistencia, y en solitario; pero a la que no podemos considerar competición propiamente dicha ya que la competición es contra uno mismo.

Y digo yo, ¿qué nos llenaría más: conseguir el tesoro de la jarra de las cien guineas de oro o conquistar el Everest?