Superheroes

26 05 2010

En ningún otro confín del mundo la intervención generativa y exterminadora de la creación sobresale más que en Lanzarote. Una de las 7 islas afortunadas,   a pocos kilómetros   del continente africano. En este entorno seductor discurrió el pasado sábado entre campos volcánicos de lava, piedra pómez y pueblos de estilo inconfundible, la que es posiblemente la prueba deportiva más dura del orbe: El Ironman de Lanzarote.

Poco importa quién fue el primero en cruzar la meta, todos son ganadores después de nadar 3,8 kilómetros, pasear en bicicleta durate 180 km y correr 42,195 kilómetros (sí amigos, un maratón), no olvidemos que pocos Ironman se atreven a disputarla.

Antes y durante la prueba la gran mayoría de los 1539 deportistas se hacen preguntas como: “¿Quién me ha mandado meterme en esto? o ¿Qué hago yo aquí?, Todos estarán  orgullosos de haber puesto al límite su cuerpo, de retar a la biología, a la medicina. Les vendrán a la cabeza con la música de “Eye of the tiger”  las lesiones, el mal tiempo, la voz de su entrenador, el cansancio, el día que decidieron iniciar este reto, las dietas, algún que otro compañero de entrenamiento que a semanas de la prueba se ha roto y no pudo emprender el sueño.

 No olvidemos que el gran objetivo  es cruzar la linea de meta , y sólo si se consigue habrá merecido la pena todo ese sufrimiento y esa dedicación a cambio de jugarse el físico y el reconocimiento de uno mismo.

Mi más profunda admiración a  los 1165 superheroes que cruzaron la meta, desde Eneko Ramos que lo hizo en 8:37:43 hasta Giancarlo Claudino que puso el broche final en 16:51:07.

¿Dónde acaba el deporte y empieza el mercantilismo? o lo que es lo mismo, ¿Cómo es posible que esta gente tenga que pagar por estar ahí?. En la respuesta a esas preguntas encontraremos el romanticismo del deporte.

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El triunfo del coraje

21 03 2010

Natalia Rodríguez, el esfuerzo tiene siempre recompensaDebo reconocer mi debilidad por Natalia Rodríguez. Me tocó su historia en el mundial de Berlín. No vi justo lo que le hicieron. Por eso me alegro tanto de su éxito en el mundial indoor hace una semana. Recapitulemos.

En Berlín fue descalificada por derribar a otra corredora después de llegar primera a la meta. Cuando las atletas tomaban la curva final, Rodriguez, que venia desde atrás, había cambiado la marcha e iba adelantando a sus competidoras. Al llegar a la altura de la etíope Gelete Burka, ésta realizó una maniobra harto sospechosa: corría entre las calles 1 y 2. De hecho, le estaba dejando espacio a Natalia para que intentara pasar por ahí, aunque un espacio muy mínimo. Se veía venir que, ya bien la catalana intentara pasarla por detro o por fuera, Burka intentaría cerrarle el camino para cortar su progresión. Y ahí vino el error de Rodríguez. Quizás pensó que si adelantaba por fuera, eso la haría tener que correr más metros y no alcanzar el ansiado oro. Ya nunca sabremos si lo habría conseguido de haberlo intentado de aquella manera. Intentó el interior, y la etíope, en cuanto la vio venir con el rabillo del ojo, se fue desplazando haca la izquierda para cerrarle el camino que antes tan pícaramente le había enseñado, ya caída en la trampa, la española tenía dos opciones: o intentar pasar ( y que fuera lo que dios quisiera) o aminorar la velocidad, romper su propio ritmo y perder toda posibilidad de conseguir medalla, cuando llevaba ritmo de oro. En fin, en esas decimas de segundo, cuando tu cabeza va a mil por hora, ella decidió dar el todo por el todo. Burka se cerró, ambas se tocaron, tropezaron los brazos, y como Natalia iba con más velocidad, la otra se desequilibró y cayó. Había que ver la cara de la pobre atleta tarraconense tras pasar la linea final. Ella veía su nombre como el de campeona en el letrero, pero debía esperar una decisión de los jueces mientras buena parte del público berlinés la abucheaba.

Más tarde se la desposeyó del oro, que fue a recaer en Maryam Yusul Jamal. Tras este episodio, vino otra afrenta para Natalia: no fue invitada a participar en la prueba de Zurich, ya que es Suiza el país de acogida de la campeona oficial Jamal, y se ve que los organizadores no querían que la española les aguara la fiesta de la victoria mundialista ganando a su chica en su propia casa y poco después de celebrado el mundial, demostrando así que en realidad la mejor era ella.

Por suerte nuestra campeona pasó página, intentando dejar atrás esa amarga experiencia. Y ahora a conseguido la medalla de plata en el mundial indoor, imponiéndose a Burka y dejando las cosas en su sitio. Habría sido aún mejor que consiguiera el oro. Eso habría redondeado la justicia poética del caso. Pero bien está lo que bien acaba. Sobre todo teniendo en cuenta que no ha acabado, porque a la corajuda atleta de Tarragona le quedan aún muchos triunfos por conseguir.





Santa Pola – New York

27 01 2010

Marathon es una pequeña llanura situada a poco más de cuarenta kilómetros de Atenas. Cuenta la leyenda que cuando los griegos vencieron a los persas enviaron a un soldado llamado Filípides a anunciar la victoria de los atenienses; debía ser rápido, puesto que los persas habían jurado que si vencían acudirían a Atenas a violar a las mujeres de los soldados griegos. Cuando el soldado, después de días y noches de batalla sin tregua, llegó a Atenas solo tuvo tiempo de pronunciar una palabra: “Niké (Victoria)” antes de morir por el sobrehumano esfuerzo.

Hasta aquí, la leyenda. Desde entonces, la carrera de Marathon ha sido considerada la reina de las pruebas atléticas (y, posiblemente, deportivas) por su extremada dureza y su halo mítico, más allá de competiciones más agresivas como el Iron Man o el Tour de Francia extremo, sin duda mucho más exigentes pero sin el mismo poso.

Las más bellas historias de este deporte han sido escritas por maratonianos: Spiridon Louis, el primer gran héroe de unos Juegos Olímpicos, vendedor de agua en las calles de Atenas; Emil Zatopek, quien sin duda merece otra historia y la consideración como mejor atleta de todos los tiempos, con la triple corona en 5.000, 10.000 y maratón en 1952; Abebe Bikila, el héroe de pies descalzos, dos veces campeón olímpico de la disciplina…

Sin embargo, no trato hoy de homenajear a estos campeones, sino de aplaudir a todos y cada uno de los 6.800 inscritos en la última edición de la Media Maratón de Santa Pola, quizá la más bonita de todas las que se hacen en España, y una de las pruebas amateur de cualquier deporte que más convocatoria tienen en este país. Me hubiera gustado ser uno de estos corredores, pero mi proverbial inconstancia me ha apartado nuevamente de la prueba. No pierdo la esperanza de correrla algún día… no en vano, las playas de Santiago Bernabeu y el Varadero, con la isla de Tabarca al fondo (foto), son solo una puerta, la primera de ellas, a mi gran ambición deportiva vital… rendir el asfalto de Manhattan a mis pies. ¡Delirios de grandeza!

Medias maratones, sansilvestres, un fenómeno de creciente éxito en estos días, ya estudiado por algunos sociólogos, que supone vaciar gimnasios (aliviando las cuotas mensuales) y llenar la calle de corredores ocasionales, confiriendo al deportista amateur un perfil menos pijo y más urbano, menos musculado y más fibroso. Sí, sin duda pienso que “la crisis” puede explicar parte del éxito del formato.

En cuanto a la carrera del domingo, un diez para la organización, sobretodo para el speaker de la línea de meta, y para todos los atletas anónimos que participaron, desde Erick Kibet y Joyce Chepkirui, el matrimonio de keniatas que batió el récord de la prueba en ambas categorías, hasta Alfonso Blasco, quien entró en meta casi dos horas después.





Momentos estelares

15 12 2009

La gélida masa de aire polar que el general invierno nos envía para anunciarnos el advenimiento de su reino nos ha hecho recordar que pronto le echaremos el telón a este año, tiempo de anuarios, resúmenes con lo mejor del año y reconocimientos a sus triunfadores. Nada de esto es lo que pretendemos hacer hoy. Únicamente intentaremos, a la manera de Stefan Zweig, recordar algunos de los pocos momentos estelares, sublimes, inolvidables, “ese único instante que todo lo determina y todo lo decide”, que este año le deja a la Memoria. Repito que no se trata de ninguna clasificación con ningún orden, porque ¿es posible cuantificar, clasificar las emociones?

I Roma 27 de mayo. La vieja Copa de Europa, nuevo laurel de nuestros tiempos, moderno circo de seculares pasiones. Un pequeño gran hombre vuela bajo el cielo de los césares. En ese segundo, en ese instante mágico en que el balón sale de la cabeza de Messi y dibuja una parábola imposible, se concentra la esencia de toda una temporada, la más perfecta que nunca nadie tuvo, el tributo de lo individual a lo colectivo, la genialidad solidaria.

II Berlín 16 de agosto. Jesse Owens desafió a Hitler en el Olympiastadion. Más de setenta años después, otro hermano osó retar en el mismo escenario a un enemigo más implacable: el tiempo mismo. Si Owens tiró por tierra las teorías nazis sobre la superioridad del hombre ario, Bolt cuestiona los límites de la naturaleza humana. ¿Hasta dónde es capaz de llegar el ser humano? Bolt nos avanzó la respuesta en dos estelares noches de verano.

III París 7 de junio. Las lágrimas de los campeones, de los que saborearon las mieles del triunfo, son las más amargas. Roger Federer, el reloj suizo de sudor de Channel, nos emocionó cuando se volvió imperfecto, humano. Acostumbrado a administrar sus partidos con la displicencia de un funcionario, Federer firmó una temporada a la imagen y semejanza del más humano de sus rivales, renaciendo de sus cenizas y logrando por fin inscribir su nombre en la copa de los mosqueteros, sobre la arcilla roja de París.

IV Katowice 20 de septiembre. Un desgarbado barbudo revienta con gesto de rabia la canasta serbia. Parece el mismo que lloró derrotado en la pintura de Madrid hace dos años. Pero no lo es. Volveré y seré millones gritó un cantautor guerrillero. Mil millones de veces más grande y con el anillo con el que empezamos a soñar hace veinte años. Si hay un deporte amante de las estadísticas, éste es el baloncesto. Si nos atenemos a ellas, no ha habido nadie mejor que Pau Gasol este año, unificando campeonato del mundo, de Europa, y de la NBA.

V Mont Ventoux 25 de julio. La yerma cumbre del Monte de los Vientos, mudo testigo de tragedias ciclistas, corona a Alberto Contador como vencedor virtual del Tour de Francia. El escenario no puede ser más simbólico: desértico e inhóspito, el paisaje lunar de sus laderas rechaza al loco que osa aventurarse a desafiarlas, un loco pistolero de Pinto que llevaba dentro de su propio equipo un Mont Ventoux particular, en cada hotel, en cada avituallamiento, en cada mirada. Ni uno ni otro pudieron con él.

VI Sepang 25 de octubre. Gallina vecchia fa buon brodo. La vieja gallina Rossi imparte su penúltima lección a sus imberbes rivales, polluelos a los que parece todavía no les ha llegado su hora. Y nos regala otro año del mejor caldo con la vieja receta: adelantamientos, remontadas imposibles y curvas negociadas al límite. Y seguiremos degustando el caldo hasta que un día decida que quiere ser el mejor del mundo en rallys o al volante de un bólido. Reservaremos mesa para ese menú.

VII Roma 30 de julio. El último romántico. Si hay algo que produce fascinación en Michael Phelps, por encima de su concienzuda consagración a la pulverización de récords (los americanos entienden bastante de esto), es su atemporal uso de la tecnología. En un deporte tan cuestionado como la natación el tiburón de Baltimore ha seguido fiel al espíritu de la competición, nadando casi desnudo contra máquinas de neopreno. Resultaría curioso pedirle a Fernando Alonso que hubiera ganado el campeonato del mundo de F1 con Renault este año, algo parecido ha conseguido Phelps, más Spitz que nunca, ¿qué importan sus coqueteos con la marihuana o con alguna cabaretera con sed de fama?

VIII Zúrich 28 de agosto. A más de cinco metros del suelo, una grácil coreografía. Un complejo dinamo: los brazos sueltan la pértiga tomando el último impulso con todo el tronco mientras se arquean las piernas y los ojos miran por debajo de ellas el listón, que se cimbrea, inquietante. Una maniobra tantas y tantas veces ejecutada. Yelena cae, pero el listón no lo hace. La zarina vuelve a reinar.