Cien guineas de oro o la conquista del Everest de los Mares

10 02 2010

Cuando en 1896 el rey de Grecia declaró inaugurados los Primeros Juegos Olímpicos de la Era Moderna de Atenas existía una competición casi medio siglo más antigua. Esta competición sigue aún hoy celebrándose, la más antigua del mundo: la Copa del América de Vela, auspiciada, como no, por ociosos caballeros británicos de mediados del siglo XIX y, por supuesto, nunca ganada por un barco inglés en sus ciento cincuenta y nueve años de historia.

En aquella ocasión, año 1851, los tripulantes del Club de Yates de Nueva York fueron más rápidos en dar la vuelta a la isla de Wight en su goleta America que los barcos del Real Escuadrón de Yates de Londres y desde entonces, durante ciento treinta y dos años defendieron en veintitrés regatas más el aguamanil de plata valorado en cien guineas de oro con el que se premia al ganador.

Además de ser la más antigua del mundo, la Copa del América debe ser la competición más respetuosa con su reglamento, un documento llamado Deed of Gift donde se plasma del puño y la letra del último superviviente del America a finales del siglo XIX toda la normativa de esta extraña competición, normativa que únicamente ha podido ser modificada en dos ocasiones en estos últimos ¡ciento veinte años! por el Tribunal Supremo del Estado de Nueva York, y en el que se sustentan sus peculiaridades: desde el procedimiento por el cual el retador y el defensor del título acuerdan las fechas y lugares del desafío (gracias al cual Valencia repite como organizadora de la regata) hasta las dimensiones del campo de batalla.

Mucho más reciente en el tiempo es la creación de la Whitbread Round The World Race, más conocida por estas latitudes como la Volvo Ocean Race, vuelta al mundo a vela, un maratón de nueve meses a través de los océanos del mundo.

Totalmente alejada en esencia, si la America’s Cup se puede considerar la F1 del mar, con multimillonarios de la lista Forbes como armadores y mecenas de buques en los que gastan millones de dólares, la Volvo sin embargo es un reto a medio camino entre locos visionarios que cruzaron en globo el Atlántico o intentaron llegar a la Antártida y deportistas extremos. Una conquista del Everest de los mares, título oficioso que se disputa con la Vendée Globe, más extrema, sí, sin escalas ni asistencia, y en solitario; pero a la que no podemos considerar competición propiamente dicha ya que la competición es contra uno mismo.

Y digo yo, ¿qué nos llenaría más: conseguir el tesoro de la jarra de las cien guineas de oro o conquistar el Everest?