El Prestigio

28 04 2012

Así tranquilamente desapareció…

“Todo gran truco de magia consta de tres actos. El primer acto: La presentación. El mago muestra algo normal pero probablemente no lo es. El segundo acto: La actuación. El mago transforma lo que aparentemente era normal en algo extraordinario. Y el último acto, el prestigio. Cuando lo imposible se convierte en posible y tus ojos ven algo que no habían visto jamás”… La importancia del cómo y no del qué.

Lo acontecido en los últimos días en el Camp Nou (la Universidad del fútbol) da muestras de que algo ha cambiado en la mentalidad del aficionado del FC Barcelona (cual revolución rusa de 1917) como bien ha dicho Sandro Rosell en la rueda de prensa de hoy y nosotros pedíamos a gritos (https://contodaslasaficiones.wordpress.com/2012/02/24/envidia-de-un-futbol-adulto/): “el aficionado del Barça ha madurado”. Se ha pasado del victimismo y la urgencia, a la seguridad y el orgullo, de presidentes y directivas capaces de dilapidar proyectos y maltratar a las estrellas (Maradona, Laudrup, Ronaldo, Van Gaal…) a tener paciencia y confiar en el modelo, un modelo que no es de ahora, viene de los años 70 cuando desembarcó en el Camp Nou Laureano Ruiz y esa “estúpida” obsesión por los rondos y el juego de posesión (Recomiendo fervientemente la lectura del libro “Senda de Campeones” de Martí Perarnau, para entender realmente todo lo que está pasando, pasará y comprender la importancia de la elección de Tito Vilanova como cabeza visible de este universo formado por nombres como Laureano Ruíz, Oriol Tort, Agustí Montal, Joan Martínez Vilaseca, Josep Lluis Nuñez, Carles Rexach, Joan Gaspart, Albert Benaiges, Johan Cruyff, Louis Van Gaal, Joan Laporta, Frank Rijkaard, Alexanco, Carles Folguera, Guillermo Amor, Sandro Rosell y Pep Guardiola).

Lo que ha conseguido Pep es la reafirmación y reconocimiento mundial del trabajo bien hecho desde hace 40 años, no es flor de un día, es fruto de la dedicación de todo el organigrama del fútbol base para que un niño que entra en las categorías inferiores al llegar al primer equipo después de unos 2500 entrenamientos pueda hablar el mismo idioma que habla el resto.

Se ha conseguido que los culés pongamos la tele para ver al Barça disfrutar con tus manies y tu zumo de cola con burbujas y ni preocuparte de lo que han hecho los demás. Eso es lo importante.

Dejemos de hablar de fútbol y hablemos de Pep:

Bueno, que decir… Antes de lo sucedido hoy, ya pensaba que Pep era una persona enorme, con un gran corazón, un sentido del deber y la responsabilidad muy grande y que se mueve con un código muy estricto de confianza; después de lo de hoy me reafirmo e incluso me veo colapsado por ese efluvio de bondad, humanidad y camaradería (“Are we humans or are we dancers?”).

Guardiola ha conseguido que nadie al que sabe que él representa pueda sentirse avergonzado nunca por un comportamiento suyo, ser un ejemplo social y al margen de convertirse en un icono (cosa que creo que no le agrada) a dado una sobredimensión a las palabras amistad y confianza. Pep las ha tenido tanto con sus chicos, como con su Staff, en especial para  Tito, su amigo, su catalizador futbolístico y moral. No he podido contener las lágrimas cuando Sandro Rosell ha anunciado a Tito Vilanova como sucesor del Noi de Santpedor al frente de la nave blaugrana.

Me he emocionado por Tito, por Pep, por el Barça, por una historia de dos amigos que desde pequeñines soñaban con llegar a jugar al menos un partido con el primer equipo y cómo con esfuerzo, sacrificio y teniendo los pies en el suelo han llegado hasta donde han llegado, una amistad más allá de la fama, del dinero, del éxito. Para mí eso es Pep, eso es el Barça de hoy, ese es su verdadero legado, un auténtico memorandum de cómo se deben hacer las cosas en todos los sentidos, tanto en la vida como en el deporte.

Yo soy maestro y a lo mejor no sé nada de fútbol, pero lo que siempre hago cuando empieza el curso es decir a los padres: “A sumar si no se aprende este año se aprenderá el año que viene, lo verdaderamente importante es formar buenas personas, porque las buenas personas tienen abiertas las puertas de todas partes” y Pep ¿Es esta tu cámara?: Tú tienes abiertas las puertas de nuestro corazón.

Cómo veis no hemos hablado de títulos, no hemos hablado de victorias, hemos hablado de una historia de amistad, bondad y lealtad. Y ahora Pep… sal y diviertete.

Sé feliz.

Saldrá bien.

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¿Los mejores de la Historia?

9 06 2011

Buenas noches. Me despedía hace un par de semanas prometiendo una crónica en primera persona de la final de la Champions, pero esto no para y casi sonaría ya anacrónico un relato de hace poco más de siete días. Realmente tampoco tendría mucho sentido intentar transcribir lo allí vivido. Dicen que las finales no se juegan, se ganan. Yo añadiría que además hay que vivirlas. Vivir aquella final en Wembley es una de las emociones más intensas que he podido disfrutar.

Pero después de un fin de semana en que se plantea si es este Barça el mejor equipo de la Historia, o de que Contador gane su sexta vuelta grande sin error con apenas 28 años, un tal Nadal se planta en la final de Roland Garros y se lleva la Copa de los mosqueteros por sexta vez a su casa, cosa que hasta ahora solo había conseguido el sueco de hielo, Björn Borg. Diez títulos de Grand Slam pocos días después de soplar 25 velas, solo 6 majors por debajo de su gran rival de siempre, el eterno Federer (29 años). Un título con un sabor si cabe más dulce que cualquiera de los otros, que ha llegado tras una temporada en tierra marcada por sus derrotas en las finales ante la amenaza balcánica de Nole Djokovic, y para el que ha tenido que superar sucesivamente obstáculos como el del cañonero Isner en el tradicionalmente sufrido (aunque nunca tanto como en 2011) primer match, Andújar, su último rival los últimos años Soderling o el galés Murray. No ha sido un paseo el transitar de Rafa por esta edición del torneo parisino, reforzando aquella imagen sanchezvicariana del Nadal peleón y guerrero.

En Nadal apreciamos todos los rasgos definitorios de lo que podríamos considerar candidato a mejor deportista español de siempre. Humildad, constante superación de retos/adversidades, expresión de la superioridad “en el campo”, más que ante los micros. Rasgos que podemos encontrar, en mayor o menor medida, en cada uno de los candidatos que podrían conformar tal lista de deportistas modernos: Indurain, Gasol, Nadal, Xavi, etc., independientemente del orden por el que se ordenen, condicionado necesariamente por las predilecciones personales de cada cual.

¿Es Nadal el mejor tenista de la Historia? eso, ¿cómo se mide? A tres o cinco sets, dudo que a Nadal le hicieran muchos puntos cualquiera de los mosqueteros o australianos de siempre. El físico se va imponiendo. Otra cuestión sería qué pasaría si adelgazáramos a Rafa y le suministráramos raquetas con menor tensión. O si ponemos a Usain Bolt a correr ante la mirada del Füher en una pista de ceniza con zapatillas con clavos. ¿Qué pasaría? Pues es imposible saberlo. Y lo mismo pasaría si a Lebron James le ponemos a decidir series finales en los años sesenta. Hubiera sido un huracán. Pero eso es imposible porque Lebron es hijo de este tiempo. Supongo que este Barça avasallaría sin contemplaciones a cualquier versión de Brasil (en la finalísima del mundial del 70, para muchos el metro patrón de este juego es sorprendente la pasividad de los medios italianos ante los avances de Gerson, el cerebro brasileño), o al mismo Dream Team que lo inspiró. ¿Pero esto los haría ser considerados mejores?

¿Cuáles son entonces las condiciones para ser considerado el mejor? ¿El número de títulos? Dudo que Armstrong pueda ser considerado mejor ciclista que Coppi por haber ganado más Tours que él. ¿Fue Italia el mejor equipo del 82? Por una parte pienso que ha de negarse la mayor: puesto que ya hemos demostrado que es algo, precisamente, indemostrable. Por otra, incluso entraríamos en cuestiones filosóficas a la hora de ponderar aportación/rédito particular. Caso de libro: Alemania ganó en veinte años dos mundiales, pero quienes pasaron a la historia fueron las derrotadas selecciones de Hungría y Holanda. ¿Premiamos la aportación al universo fútbol de los vencidos o la innegable competitividad germánica? ¿Cuál sería entonces el reto?

Preguntas abiertas, al fin y al cabo. Quizá la llave sea asimilar que no pueda hablarse de una Historia sino de varias, y que el mejor en cada una de ellas sea el que mejor haya sabido interpretar su contexto e imponer su modelo, su discurso. Solo entonces, cuando comparemos si un discurso es exportable a otras épocas, podría hablarse de deportistas, o equipos, universales, una expresión mucho menos excluyente en todo caso que la titula este artículo.





El Fenómeno ya es Historia

16 02 2011

La semana en que un temporero se convierte en MVP, la misma en que la Vieja y glamourosa competición continental vuelve a ocupar la primera escena http://www.elpais.com/articulo/deportes/aburrido/ganador/elpepidep/20110214elpepidep_20/Tes os recomiendo este artículo de Walter Oppenheimer para conocer un poco mejor la historia de los cañoneros, el fútbol nos deja la noticia de la retirada de un mito. Para muchos treintañeros, Ronaldo Nazario de Lima (Rio 1976) ha sido el verdadero quinto grande de la Historia del fútbol. O quizá simplemente sólo pudo haber llegado a ser el mejor jugador de todos los tiempos.

No hubo un Ronaldo. Hubo al menos dos versiones, geniales y efectivas ambas, del gran delantero carioca. La primera, radiante, la exhuberante época de un atleta adelantado al menos diez años a su tiempo. Hay varias cosas en el Ronaldo (Cristiano) actual que recuerdan a aquel potente delantero. En el parreriano equipo que devolvió a Brasil el título de Campeón del Mundo en 1994 había un jovencísimo delantero que había maravillado en el Cruzeiro (44 goles en 44 partidos). A los 17 años vivía aún a la sombra de Romario y Bebeto, aún de Edmundo, en la verdeamarelha, pero tras aquel verano fichó por un PSV que ya había formado anteriormente al Baixinho. En el equipo neerlandés sus estadísticas son aún más demoledoras. Era un caso cantado: a sus 20 años le había llegado la hora de desembarcar en un grande de verdad, ocasión que aprovechó Josep Lluís Núñez para convertir a Ronaldo en el nuevo icono de su proyecto, algo que ya había intentado con menor fortuna con jóvenes cracks de su tiempo como Simonsen, Schuster o Maradona.

La llegada de Ronaldo a Barcelona supone todo un bombazo mediático: 2.500.000 millones de pesetas (15 millones de euros) que más que duplicaban el importe del traspaso de Mijatovic ese mismo verano y la convicción de que, tras dos años a la sombra de los equipos de la capital, el foco volvía a la ciudad condal. Fue aquella la Liga del primer Capello, simiente del Madrid de la Séptima sin duda, pero fue un año inolvidable en Can Barça. Aquella temporada brindó algunos de los momentos que han conformado nuestro imaginario futbolístico. Lo fue sin duda aquel famoso gol en Compostela, aunque para mí aquella galopada ante los cuatro defensas del Valencia supone la definición exacta de lo que fue Ronaldo: http://www.youtube.com/watch?v=fGI4Ko4jXXU. Un Fenómeno. De la naturaleza.

47 goles en 49 partidos, marca que pronto será batida y pulverizada por Leo Messi pero con la particularidad de que el brasileño descansó en los últimos y decisivos partidos de la temporada por exigencias de la selección de Brasil y el argentino lo juego todo. Un idilio eterno del Barça con Brasil que ya había inaugurado Romario y que después continuarían Rivaldo y Ronaldinho. Sin embargo, algo se interpuso en la feliz relación de Ronaldo y el Barça: los manejos de sus representantes toparon con la férrea posición negociadora de Núñez y acabaron, quizá la decisión que más habrá lamentado en su carrera, con Ronaldo en el Inter, dejando atrás la temporada individual más sublime que se recuerda.

El paso de Ronaldo por Italia no fue un tránsito feliz. Campeón de la antigua UEFA en el 98, aquel año iba a suponer el principio del fin del primer Ronaldo. Un Ronaldo sobreexplotado y exhausto en un Brasil que volvía a acudir a un Mundial con el cartel de máximo favorito pero con poco más que eso y la autoridad de Ronaldo como mejor jugador del mundo. Horas antes de la final de París, Ronaldo sufre unas extrañas convulsiones y la canarinha es vapuleada por Francia, acabando con la imagen de superhéroe de Ronaldo, el fin de aquel jugador que pudo haber llegado a ser el mejor de la historia.

Hubo otro Ronaldo, sin embargo, que figurará seguramente en letras más pequeñas al lado del majestuoso delantero que fue, pero que significó la redención de un crack. Si algo bueno tuvo aquella lesión en el tendón rotuliano, aquellos dos años perdidos entre quirófanos, fue la posibilidad de practicarle a Ronaldo la prueba del nueve. Su génesis, no podía ser otra tratándose de un grande, en un Mundial. A Japón y Corea llegaban como máximas favoritas Francia y Argentina. Apenas un mes antes Zidane había dibujado su más bello remate en el cielo de Glasgow y Henry crecía como su fútbol a velocidad de vértigo. Por primera vez en muchos años Brasil llegaba de tapado, con el antidivo Rivaldo como estrella y el joven Ronaldinho como etérea apuesta de futuro. Para nostálgicos, el regreso de Ronaldo, dos años apartado de la primera línea. Un Ronaldo que ya nunca volvió a ser el mismo pero que no había perdido efectividad. Aquel Ronaldo fue Pichichi del Mundial y marcó los dos goles de la final. El Fenómeno había vuelto. Ya no era aquel atleta, ya había mutado en un tranquilo rinoceronte asesino, pero había vuelto.

Y había vuelto a lo grande. Así que la vida le concedió a Ronaldo su segunda oportunidad de jugar donde más había brillado. Tras varios meses de negociaciones en el yate de Moratti, el Fenómeno volvía a España, rodeado aún de alguna duda con su rodilla pero con la esperanza de que su sociedad con gente como Figo o Zidane nos devolviera al gran delantero que un día fue. Durante dos años, y a pesar de la concentración de balones de oro de aquel equipo, se dijo que el Madrid empezaba y acababa en Casillas y Ronaldo. De hecho fue tan efectivo que quién sabe si la tremenda pegada que exhibió, la poca necesidad de creación que desprendía, pudiera haber sido la causante del bajón de aquel eficaz equipo.

Especialmente celebrado fue su concurso en Old Trafford en la vuelta de los cuartos de la Champions en 2003, uno de los mejores partidos de la pasada década en que el público del teatro de los sueños se levantó para ovacionar al verdugo que con su hat-trick les apartaba del camino. Especialmente temida, su ausencia en Delle Alpi en las semifinales de aquella edición. Quién sabe si el Madrid hubiera levantado su décima Copa si hubiera contado con el mejor Ronaldo, el Fenómeno reiventado, aquella tarde. Nunca estuvo más cerca el brasileño de ganar la Copa de Europa, torneo que nunca besó, como tampoco lo hicieran por cierto Pelé ni Maradona.

A Ronaldo le bastó con ganar dos Mundiales, ser el máximo goleador de la historia en fases finales y habernos dejado con la sensación de que nadie nos quitará haber visto jugar a uno de los más grandes jugadores que ha habido en la Historia. Esa Historia con mayúsculas de la que el Fenómeno, desde esta semana, ya forma parte.





Un antes y un después

16 12 2010

El pasado martes sucedió un hecho que no hizo más que confirmar que los tiempos cambian, y las competiciones también. Un equipo africano, el Mazembe de la Rep. del Congo, se clasificó para disputar por primera vez  en la historia, la final del mundial de clubes, que antes cuanado era una competición no oficial, no tenían si quiera derecho a disputar.

La Copa Toyota, o Copa Intercontinental, es al Mundial de clubes, lo que la Copa Latina fue a la Copa de Europa.

Estamos hablando de dos competiciones no oficiales que sirvieron para impulsar las que son sin duda las dos competiciones a nivel de clubes (de fútbol) más importantes del orbe.

La Copa Latina, la disputaban los campeones de Italia, Francia, España y Portugal, y fue la primera competición internacional europea. 

La Copa Latina se disputaba cada año en una sede diferente, de uno de los cuatro países participantes. Se disputaba en formato de semifinales y final. La competición dejó de disputarse en 1957 tras la consolidación de la Copa de Europa.

La  Copa Intercontinental  o Copa Europea-Sudamericana o Copa Toyota es otro torneo extinto que disputaban los campeones de Europa y Sudamérica. Durante años fue considerada la máxima competición oficiosa a nivel mundial, y en 1980 pasó a denominarse Copa Toyota y a disputarse en Japón a partido único durante los meses de Noviembre o Diciembre. Dejó de disputarse en 2005 debido a la decisión de la FIFA de oficializar un torneo en el que participaran los equipos de todos los continentes denominándose Mundial e Clubs.

Pienso que es una pena que esos extintos torneos, no puedan contabilizarse de forma oficial, ya que el fútbol español pierde bastantes cetros. Estaríamos hablando de que si la Copa Latina contara como Copa de Europa, tendríamos al Real de Madrid con 11 Copas de Europa y al FC Barcelona con 5.

Con el Mundial de Clubes pasa lo mismo, si fuera la misma competición que la Copa Toyota, hablariamos de que el Real Madrid tendría 3 títulos de campeón del mundo, el Atlético de Madrid 1 y el Barcelona 1.

Aunque creo que en algo sí que tienen razón los organismos oficiales del fútbol internacional. La Copa Latina, no puede ser convalidada por la Copa de Europa, por un dato razonable : No jugaban todos los equipos de Europa. Al igual que en la Copa Intercontinental (al margen de la no oficialidad), no jugaban los campeones de las 6 confederaciones del fútbol mundial.

¿Qué pasaba? Que no podíamos ver partidazos como el que hizo el Mazembe el otro día ante el Internacional de Portoalegre. ¿Que el futbol sudamericano a bajado o el africano a subido?, eso nunca lo sabremos, pero ahí tenemos al Camerún de 90, o a Korea del Sur del Mundial de 2002.

Para que seáis un poco más felices.

http://www.youtube.com/watch?v=Z3V_m-ye098&feature=related





La última sonrisa del Emperador

9 11 2010

Haile Selassie I fue el último de los grandes reyes del mundo. Depositario de una tradición dinástica legendaria, fundada hace 30 siglos por el mismísimo Rey Salomón, el ras Tafari fue Emperador de Etiopía durante buena parte del siglo pasado, con el breve paréntesis forzado por los tanques de Mussolini. Su desaparición, la disolución de su reino en la revolución socialista, significó también el ocaso de los reinos del Mundo Antiguo. Bandera del panafricanismo, fue elevado a la categoría de divinidad por Marcus Garvey, quien vió en el Rey de Reyes y Señor de Señores al Cristo Negro que profetizaba el Kebra Nagast.

Miembro de la guardia imperial del Emperador fue Abebe Bikila, protagonista de una de las historias más famosas de los Juegos Olímpicos y hasta hoy único bicampeón de la prueba del maraton. Fue en 1960, cuando los Juegos se disputaban en Roma, ciudad a la que las tropas fascistas llevaron el obelisco de Axum, símbolo nacional etíope, durante la Segunda Guerra Mundial, cuando Bikila se presentó junto con su hermano descalzo. No solo ganó la prueba, sino que batió el record del mundo (2h 15′ 16”). Hizo algo más: estableció el idilio de esta nación africana con las pruebas de fondo.

Bikila fue junto con Emil Zatopek el gran fondista del siglo pasado. Hasta la llegada de otro pequeño príncipe etíope al fondo: Haile Gebreselassie, quien además del gran parecido en el nombre guarda otra similitud con el monarca: su absolutismo. Su dominio incontestable. El reinado de Gebre en el 10.000 ha sido el más prolífico en la historia del fondo mundial. Dos oros olímpicos y cuatro mundiales en la última década del siglo pasado construyen un palmarés inalcanzable. O al menos eso pensábamos hasta la llegada de su heredero Kenenisa Bekele,quien nos obligará nuevamente a redefinir los límites. Pero Gebre sabía que en Etiopía veneran por encima de todas a la prueba del maraton, así que forzado en parte por la irrupción de su pujante compatriota, decidió dar el salto a la prueba reina en 2004. Para el recuerdo eso sí, su último 200 en la final olímpica de Sydney ante su rival de siempre, Paul Tergat: http://www.youtube.com/watch?v=5D56ZAvcxN0

El transitar de Gebreselassie por los 42.195 metros ha sido agridulce. Si bien es el actual recordman de la disciplina (2h 3′ 58” Berlín 2008) su renuncia en Pekin aduciendo el alto grado de contaminación de la capital china fue un mazazo, y acaso el anuncio del inexorable declive. El km. 25 de el pasado maraton de Nueva York, al paso por el Queensboro Bridge, fue el punto final de la carrera del gran etíope en la alta competición, la última sonrisa del Emperador.La victoria, eso sí, para Gebremariam, súbdito etíope. La leyenda continúa. A partir de ahora, la lucha por una vida más digna para su población.

http://www.youtube.com/watch?v=RVNqV2i_szw





Premio Príncipe de Asturias, bienvenidos a la tómbola.

8 09 2010

Siempre me he preguntado, qué tipo de valor se le debe de dar a este tipo de premios, y qué tipo de valor quieren darle los que lo conceden y a los que se lo conceden. Sé de buena tinta, que estos premios quieren ser, o pretenden ser algo así como el “Nobel” del deporte…nada más lejos de la realidad.

Lo primero que debes tener es un criterio fijo, y no repartirlos a distro y siniestro, y con un caracter más bien nacionalista; ya que si son unos premios otorgados al mejor deportista español del año, se coherente y hazlo simpre así; si son unos premios a una trayectoria, hazlo simpre así, y si realmente son unos premios internacionales al mejor deportista del año, hazlo siempre así.

Con esto no quiero decir que los que lo han ganado no lo merezcan, tan solo que son unos premios totalmente incoherentes y para que nos demos cuenta de ello vamos a ir poco a poco con los ganadores:

En 1990 lo gana Sito Pons, y luego resulta que no lo tienen, ni Doohan, ni Crivillé, ni Valentino Rossi.

En 1994 lo gana Martina Navratilova, que había ganado su últim Grand Slam en 1990; habiendo grandísimas tenistas a lo largo de la historia, que se han quedado sin galardón, y de repente en 1998 se lo dan a Arnatxa Sánchez y en 1999 a Steffi Graff, muy grande Arantxa, pero incomparable con esos 2 monstruos, y menos que le den el galardón antes a ella que a Steffi.

En 2005 le dan el premio a Fernando Alonso, cuando aun no había sido campeón mundial, y corredores como Senna, Fangio, Fitipaldi, o Schumacher lo echaban en falta en su palmarés, en el año 2007 compensaron este agravio con el bueno de Michael.

En 2008, el codiciado premio fue a parar a las manos de Rafael Nadal, siendo el primer tenista masculino que gana el premio de los premios del deporte, yo creo que sobran las palabras si escribo estos nombres: Sampras, Agassi, Federer, McEnroe, Bjorg, Lendl.

En 2006  ganó las selección española de baloncesto, cuando ni tan siquiera el Dream Team de Barcelona 92 tiene ese galardón. En el recuerdo  quedan equipos imborrables como aquellos Lakers y Celtics de los 80, los Bulls de Jordan, o las selecciones míticas de Yugoslavia de Kukoc y Petrovic, o la URSS de Sabonis.

Por último en 2010 el testigo lo ha recogido la selección Española de fútbol; Brasil, ya consiguió el Príncipe de Asturias en 2002, pero…¿ Qué pasa con Argentina, Uruguay, Inglaterra, Francias, Alemania, e Italia?. ¿Cuántas selecciones españolas han sido campeonas del mundo antes?: Fútbol sala, tenis (copa Davis), Balonmano, Waterpolo, Hockey patines, natación sincronizada, triatlón, natación, judo, vela, kitesurf, etc…

En fin, en el tintero quedan nombres como Jordan, Tiger Woods, Usain Bolt, Edurne Pasabán, Mohamed Alí, Magic Johnson, Pelé, Maradona, Cruyff, Nadia Comanecci, FC Barcelona de Balonmano, David Meca, Phelps, Thorpe, Gisela Pulido, Morcelli, Tony Hawk, Spitz, Jesse Owens, Eddy Merckx, Sebastian Loeb, Bekele, Marc Coma, Jonah Lomu, Justine Henin, Miriam Blasco…

Esta noche seguiré abriéndome la cabeza hasta dar con la fórmula de la elección de los premios…seguro que los que la inventaron viajan siempre en aviones diferentes.





Las puertas del cielo se abren

21 06 2010

Todo el mundo aspira a la felicidad. Hay quien la identifica con grandes posesiones terrenales. Otros la encuentran en conquistas espirituales. Un viaje, un momento compartido, una mirada de complicidad, los caminos de la felicidad son inescrutables. Si por algo el deporte, y como no, el fútbol, ha alcanzado las cotas de popularidad que hoy atesora es por su astronómica capacidad de generación de felicidad. También de frustración, pero en cualquier caso, tanto en la máxima felicidad como en la más grande de las decepciones, son emociones colectivas, compartidas, lo que multiplica el gozo y alivia el desconsuelo. Puede resultar frívolo, pero encuentro pocas manifestaciones en esta sociedad individualista de nuestros días con la capacidad de movilización y de hermanamiento del fútbol. ¿Triste? Quedémonos con la parte buena, la gente necesita felicidad.

Felicidad que han encontrado este fin de semana en Alicante, felicidad que busca la selección española en Sudáfrica en unas horas. La capital de la Costa Blanca vivió la tarde del sábado el octavo ascenso de su equipo a la máxima categoría del fútbol español. Lo hizo en el mejor de los escenarios posibles: en el día previo al inicio de sus fiestas mayores, ganando fuera de casa en la última jornada, algo que por cierto solo había conseguido en dos de los veinte partidos previos, y con el aliento en el cogote del poderoso Betis, equipo de Primera que estaba llamado a ser “el Zaragoza” de este año. Para los más jóvenes quizá suene presuntuosa la vieja cantinela de que el Hércules es un grande y que vuelve al lugar que por historia le corresponde. Cierto es que cada ascenso en Alicante ha costado sangre, sudor y lágrimas, y no menos cierto es que el sustrato social herculano dista mucho de ser tan multitudinario como el visto en las celebraciones. Pero no debemos olvidar que para la liga siempre debe ser un orgullo recuperar a uno de sus históricos, un equipo cuyo estadio ha albergado un partido por el tercer puesto de todo un Mundial de fútbol hace no tanto. Por historia le corresponde volver al Hércules a Primera, una historia de la que los nacidos después del ochenta hemos conocido más sombras que luces (dos ascensos a Primera y otros dos a Segunda) pero que tuvo también días de vino y rosas en los años setenta, precisamente la misma década prodigiosa del vecino y rival histórico Elche CF, los años de los presidentes Rico Pérez y Martínez Valero.

Portillo unió su nombre a los de Humberto Núñez, Sanabria, Sigüenza y desató la locura en una ciudad resignada a celebrar ligas y copas de Europa que no pueden ser del todo suyas. Los retos para el futuro, dignificar un Estadio que se cae a trozos y consolidar al equipo en Primera. La clave, no caer en los errores del pasado, mantener la base del equipo, una base algo veterana pero con buenos mimbres para jugar en Primera (Calatayud, Abraham Paz, Farinos, Tote, Portillo) y apuntalarla con incorporaciones solventes, más calidad que cantidad. Alguna cesión aprovechando las buenas relaciones institucionales con el Castilla, la mano del Boquerón en Can Barça… y a sufrir. Pero sobre todo, a disfrutar.

España aspiraba a conquistar la felicidad en este extraño y frío Mundial, en el que comparecía sin esos seculares fantasmas que siempre han acompañado su peregrinaje mundialista y que parecieron volver a casa el miércoles. Fue un partido visto una y mil veces. Superioridad relativa, oportunidades erradas, minutos cayendo, y una vieja ley del fútbol: aprovecha tu momento, siempre tendrás tu oportunidad. Este tipo de calamidades sin embargo miden el nervio competitivo de los equipos, máxime en una competición que privilegia el sufrimiento. Navas y Torres apuntan a titulares en el reencuentro de España con su suerte.

Cadencia, potencia y un hilo conductor que de coherencia a la obra. Estos son los tres pilares en los que los alicantinos nos apoyamos para juzgar una mascletà. Estos son los tres pilares en los que España se ha de apoyar para abrir, como hemos abierto por estas tierras, las puertas del cielo.