Una fiesta

24 01 2011

Dos historias paralelas. La de un desconocido habitante de la península de Eritrea y la de vuestro amigo al que le gustan los lunes. Dos historias que espero sirvan para reconciliarnos con la esencia misma del deporte puro, algo más necesario si cabe en un mundo tan fustigado en los últimos tiempos como el del atletismo. Durante muchos años alguien pensó en el hombre como instrumento de la ciencia, fin supremo, en su camino a modelar al ser perfecto. Olvidaban que es el deporte, la ciencia, quienes tienen que estar al servicio del hombre. Jamás al revés. Nunca serán menos importantes las plusmarcas, los programas de entrenamiento ni las casas comerciales. Nada más que el compañerismo, el afán por superar nuevos retos y la reivindicación, la reconquista de las ciudades para sus gentes. Sin todas las trampas, los artificios, que el mercantilismo ha impuesto en distintas esferas de la vida, el deporte de alta competición una de ellas, solo queda el sustrato. Y creedme, ahora que lo he experimentado en mis propias carnes, ese sustrato es precioso. Una fiesta.

Azmeraw Bekele comparte con el actual rey mundial del mediofondo algo más que un apellido ilustre. Sin una trayectoria conocida en Europa, el joven etíope (23 años) se presentó el pasado sábado en Santa Pola (Alicante, villa marinera donde se celebra una de las medias maratones más populares de España) después de un viaje de cinco horas en autobús desde la capital de España. Apenas unas horas después (10.30 del domingo), poco más de cuarenta y ocho desde que pisara España por vez primera, se proclamaba vencedor de la XXII Media Maraton de la villa marinera, una prueba que contaba con algún que otro nombre significativo como los de Joseph Kiptoo, tercero en el Mundial de Cross hace un par de años o el medallista europeo Luismi Martín Berlanas, primer español. El etíope batió el record de la prueba, sí, pero ya digo que eso hoy me importa menos, y creo que las agujetas me legitiman algo para opinar al respecto, que la curiosa historia de Bekele, recién llegado como digo a España y sin entender ni media palabra en español ni media frase en inglés.

La otra historia es la mía propia. Supongo que será también la de tantos. Casi ocho mil almas anónimas en la línea de salida. De los cinco continentes. La de quienes llegados hora y media antes de la salida de la carrera con el coche sobrepasando justamente los cero grados (1,5 marcaba el mío) se dan una vuelta para recoger el dorsal, desafían a su propio estómago con un café para combatir el frío, vuelven al coche a realizar el heroico trámite de desguarnecerse de sudaderas y pantalones y se presentan en la línea de salida al ritmo de Carros de Fuego con la conservadora y realista idea en la cabeza de mantenerse en unos 5.30 – 6 minutos por kilómetros para poder acabar dignamente la carrera en la barrera de las dos horas.

Van pasando los primeros kilómetros y la ecuación se cumple. Diríase que un reloj gobierna nuestras piernas, de forma que nos presentamos en el kilómetro cinco en 30.54. El siguiente cinco mil aún lo hacemos más rápido y llegamos al kilómetro diez, prácticamente el intergiro (o eso creía al ir aún con reservas de fuerzas) por debajo de los 58 minutos. Media vuelta y de regreso al inicio, ya regulando sabiendo que queda un mundo. Hasta el kilómetro quince se puede llevar, disfruto. Después, el muro mental en Playa Lisa. No llega el kilómetro 16 y estamos yendo contra meta. Mágicamente se modifica el concepto que al principio de la carrera tenía de lo que son cinco kilómetros. Kilómetro 17 y sigo avanzando contra meta. Y todavía no veo a ningún corredor girando, afrontando la recta por la que ahora transito en sentido contrario. Hasta casi casi el kilómetro 18 no doy la vuelta. Para entonces ya solo (todavía mejor dicho) quedan tres kilómetros. Pero ese último parcial se me hace eterno. El cartel indica Playa del Tamarit. Eso quiere decir que si no se han llevado alguna playa, todavía me quedan la Gran Playa y la Playa Lisa. Reduzco más el ritmo, casi voy andando haciendo ademán de mover los brazos. Pero el apoyo de la gente en Santa Pola hace imposible rendirse. Y así pasan los kilómetros 19 y 20, se me va el promedio a 6.15. Una última curva, una recta más y fin del trayecto.

2.12.41. En mi vida había corrido durante tanto tiempo. Y volveré. Sé que volveré, que bajaré de las dos horas. Y si no, tampoco me importa. Por una vez lo importante es participar. De esta fiesta.

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Aquella noche de julio…

22 12 2010

… en Johannesburgo condicionará sin duda todos los resúmenes deportivos que del saliente año se hagan. En un país que ya había alcanzado cotas impensables hace poquísimos años como la Copa Davis, el Mundial de Fórmula Uno o incluso algún anillo de campeón de la NBA, que ya había sido campeón del Mundo en otras disciplinas como baloncesto o balonmano, solo faltaba por superar el atávico trauma con su primer deporte. Generación tras generación (estamos hablando del país de Luis Suárez, de Gento, de Amancio, de Butragueño o Guardiola) volvía cada cuatro (en el mejor de los casos) años a casa con el ánimo torcido, muchas veces en medio de ambientes muy enrarecidos, tropezando siempre con la quijotesca sensación de haber luchado contra molinos, ya fueran árbitros húngaros o egipcios, ya fueran rondas de penaltis o  grandes cantadas, que se nos hacían gigantes. Austria 2008 supuso el punto de inflexión en esta triste relación de España con los campeonatos, mutando, al son marcado por dos de los grandes entrenadores de nuestra historia, pero sobre todo, por el éxito de los conceptos futbolísticos que están a haciendo a nivel de clubs del Barça la referencia en este punto de la historia, el victimismo histórico por la felicidad futbolística. Felicidad que tuvo como todos sabéis su máxima expresión aquella noche de julio y que ha empequeñecido otras conquistas con menor calado mediático pero también dignas de contarse aquí.

A nivel individual, y fuera del fútbol y de la pareja Xavi – Iniesta (Dolce & Gabbana, Victorio & Lucchino) han sucedido acontecimientos alrededor de los cuatro o cinco nombres que a todos nos vendrían a la cabeza: Gasol, Nadal, Lorenzo, Alonso y Contador, con mayores o menores dosis de fortuna. Empecemos por Pau, coronado nuevamente como Emperador del Mundo con su segundo anillo NBA. Su ausencia de una Selección que cayó en Turquía ante la latente amenaza serbia le ha llevado a empezar su cuarta temporada en Los Ángeles a un nivel espectacular. En casa, en Europa reinó el Barça merced al crecimiento de un Ricky que sin embargo se mostró más dubitativo en el verano turco, y de un superequipo al que sin embargo el Caja Laboral en su enésima reconversión con San Emeterio como heredero de los Bennett, Nocioni, Scola fue capaz de levantar la Liga.

Nadal volvió a ser Nadal todo el año, vengando su derrota en la arcilla de París ante su verdugo del pasado año, el sueco Soderling, un título que marcaba el inicio de un posible Grand Slam si finalmente consigue llevarse dentro de un mes su segundo abierto en Melbourne, camino salpicado por alguna actuación memorable, como el partido en semifinales de la Copa de Maestros ante el escoés Murray. Impensable para agoreros pronosticadores prematuros de su declive en épocas recientes. Nadal – Federer, queda guerra para rato.

Por otra parte, quedarse solo con el enorme pique Lorenzo – Rossi, con victoria para el mallorquín, sería teriblemente injusto para todo lo bueno que ha sucedido este año en los Mundiales de Motociclismo. Si bien es el primer triunfo de un piloto español en la categoría GP (Àlex Crivillé lo fue en 500 cc), ha habido muchas más grandes noticias, desde la madurez de un Pedrosa que, no olvidemos, ha sido el segundo clasificado, hasta la irrupción de un Marc Márquez al que algún día quizá veamos conquistando mundiales de superior cilindrada. Lorenzo, Márquez y Elías, como vencedores, y Fernando Alonso con la consideración del resto de compañeros (Vettel incluido) como mejor piloto del año son las caras de una moneda que este año ha sido de oro en el motor español. La cruz, lamentablemente, la puso el 5 de septiembre la trágica muerte del japonés Tomizawa.

Alberto Contador ganó (o no, su incidente con el filete de clembuterol aún no está resuelto) el Tour de Francia más aburrido de los últimos años (dudoso honor que supongo batirá la edición del año 2011), un Tour tan insulso que puestos ahora a recordar, solo deja aquella espinosa avería de la cadena del pequeño de los hermanos Schleck camino de Balès, pero que no niega la tremenda de superioridad de Contador y Andy (liga escocesa, ¿les suena?) sobre el resto de corredores. Apasionante fue sin embargo la lucha sin cuartel de David Arroyo ante Ivan Basso y Vincenzo Nibali por conquistar la maglia rossa. Precisamente fueron los dos italianos quienes se llevaron las rondas italianas y españolas. Después, claro, el eterno ruido en torno a este deporte.

Sí, el dopaje, la lacra que viene persiguiendo a cierta parte del deporte español desde hace algún tiempo, golpeó con una virulencia nunca vista en este país a su más insigne atleta, la palentina Marta Domínguez (insisto en mi entrada anterior, con todas las cautelas del mundo), envolviéndola en lo que se ha llamado Operación Galgo, trama vinculada con actividades siniestras, como tráfico de sustancias dopantes o blanqueo de capitales). Dejemos a la justicia actuar y analicemos, que es de lo que trata este blog, la temporada. Sin Juegos ni Mundiales el interés de estas temporadas lo tenemos en los Campeonatos Europeos de Barcelona, con el francés Lemaitre y el británico Mo Farah como grandes estrellas, la sensación de falta de un relevo más solvente a la generación de Reyes Estévez, Marta Domínguez, Chema Martínez (plata en Maraton) y la reconquista, eso sí, de la distancia reina del mediofondo, los 1.500 m por Arturo Casado y Nuria Fernández.

Todo esto, pero también la contrarreloj en las alturas entre Edurne y Pasabán y Oh Eun-Sun por ser la primera mujer del mundo en conquistar los catorce ochomiles, la presencia de Barça y Ciudad Real en la Final Four de Balonmano, ese martillo pilón llamado Pacquiao, o los recientes oros de Mireia Belmonte en los Mundiales de Dubai, nos deja el 2010. Y como se suele decir en estos casos, no están todos los que son, pero son todos los que están. O algo así.

Os esperamos muy pronto. Felices Fiestas.

Hoy no voy a poner enlace de ningún vídeo musical, pero os dejo con una recomendación por si queréis, de alguna forma, contraprogramar a la Navidad: Balada Triste de Trompeta, la última de Álex de la Iglesia. Carlos Areces, literalmente, se sale.





La cultura del resultado

13 12 2010

Vaya por delante que estas líneas las escribiré más por opiniones y conclusiones personales que por un profundo conocimiento del tema. Es lo que tiene esta cultura informativa preponderante, especialista en crear constantemente “estados de alarma” que dificultan entender verdaderamente la naturaleza de los problemas tratados. No sería justo dedicarle a un deporte al que hasta ahora solo nos hemos acercado en cinco ocasiones, según las estadísticas de la página, menos aún a la hasta ahora y mientras la Justicia no dictamine lo contrario, mejor atleta española de todos los tiempos (tomamos nota de paso, con propósito de enmienda, del escaso seguimiento del deporte femenino) toda la suerte de descalificaciones que se han leído estos días: son los de siempre, los que han consagrado la cifra de ventas como eje fundamental de su línea editorial. No me siento legitimado para aproximarme cual buitre carroñero ahora,  sin haber sido fedatario también de la mayoría de los buenos momentos.

Pero lo cierto es que hay una operación abierta, con varios atletas y personajes del entorno implicados. Dicen quienes saben, y coincido con ellos, que éste es el camino: delimitar claramente sustancias y prácticas prohibidas, no dejar de investigar y seguir la pista de nuevos métodos, sabiendo que el dopaje siempre irá por delante de la ley, y a partir de ahí aplicar tolerancia cero con quienes se salgan del camino. Sean quienes sean. La Operación Puerto supuso, entre otras, la desmantelación de una estructura histórica en el mundo del ciclismo español. De la Operación Galgo pocas consecuencias conocemos, pero parece haber sepultado para siempre la carrera de Marta Domínguez. Si era culpable, aplíquesele la Justicia: deportiva si cometió fraude e incluso ordinaria si se demuestra delito de incitación o facilitación tipificado en el Código Penal. Pero con respeto, dejemos a la Justicia actuar y no practiquemos antes de tiempo esa costumbre tan nuestra de sacrificar al ídolo.

Pero, ¿por qué existe el dopaje? ¿Solo por el ego desmedido de unos pocos y el ansia de parné de otros tantos? ¿Qué hay detrás de ese ego? Alguien mejor que yo puede contestar esta pregunta, si tenéis tiempo echadle un vistazo a este enlace, para mí, lo clava:  http://www.elpais.com/articulo/deportes/Dopaje/sociedad/elpepidep/20101213elpepidep_6/Tes

Ya dije hace unas semanas que lo que no podíamos hacer era pedirle al ciclismo, al atletismo, al deporte en general, algo que la propia sociedad no es capaz de entender. Vivimos en una sociedad de consumo, en la cultura del objetivo constante, del resultado, del qué, sin importar el cómo. Quien trabaje en una empresa habrá vivido alguna situación en la que se le insta, a veces con presiones inaguantables, a conseguir objetivos, serpenteando, si ello fuera preciso, ciertas barreras éticas. Después, en la hora de la caída, la organización será la primera en cuestionar los métodos del infractor, aplicando sin piedad su código disciplinario y aireando ante la opinión pública las conocidas buenas prácticas de la firma.

Sin esta perniciosa cultura del éxito, el dopaje no tendría sentido. Esta cultura del éxito, del resultado como objetivo vital tiene efectos devastadores. En Japón es cada vez más frecuente el fenómeno de los hikikomoris, jóvenes varones primogénitos de la familia que deben superar una prueba similar a nuestra selectividad para poder acceder a las mejores universidades del país y poder proseguir así su ciclo exitoso. Los fracasados, los hikikomoris, sufren tal depresión que pasan el resto de sus días encerrados en el sótano del domicilio familiar, durmiendo y enganchados a las consolas de día y malcomiendo de noche, evitando cualquier contacto con la familia, tal es su vergüenza, hasta que un día deciden suicidarse.

Ante esta presión surge el recurso al atajo, a la trampa, terreno abonado para el surgimiento de entornos que entonan cantos de sirena peligrosos para el deportista de élite. El colorario de todo esto es que estamos copiando métodos propios de la oscura Alemania Oriental, perdiendo de vista que el deporte, aunque sea de élite, debe ser ante todo deporte, visión que hoy en día se antoja romántica. Todos debemos hacernos esta reflexión. La de si queremos un deporte verdadero o si estamos dispuestos a sacrificarlo todo, incluso la vida de los deportistas, en aras de llevar al extremo aquel lema de Citius, altus, fortus, más allá incluso de los límites del cuerpo humano, como pregonaba abiertamente el técnico Manolo Pascua.

Reclamemos la importancia del cómo. Si algo, perdón por meter el fútbol, ha hecho célebre al Barcelona en los últimos veinte años, ha sido esta cultura del cómo. Lo importante es el camino, como decía Machado. Cuesta entender por tanto que una institución tan pendiente de estos detalles haya claudicado en su batalla por defender un discurso único e irrepetible manchando su camiseta con el logo de Qatar Foundation. Es la cultura del resultado amigos.

La Navidad ya la tenemos a la vuelta de la esquina, os dejo este pequeño avance de los regalos que nos traerán los Reyes: es una grabación en la que Harry Nilsson le pone voz al Many Rivers to Cross. Notaréis una voz desgarrada: dicen que terminaba las grabaciones de este disco que grabó con John Lennon escupiendo sangre, se rompía literalmente la garganta: http://www.youtube.com/watch?v=wgzWqfZo8fY&feature=player_embedded





La última sonrisa del Emperador

9 11 2010

Haile Selassie I fue el último de los grandes reyes del mundo. Depositario de una tradición dinástica legendaria, fundada hace 30 siglos por el mismísimo Rey Salomón, el ras Tafari fue Emperador de Etiopía durante buena parte del siglo pasado, con el breve paréntesis forzado por los tanques de Mussolini. Su desaparición, la disolución de su reino en la revolución socialista, significó también el ocaso de los reinos del Mundo Antiguo. Bandera del panafricanismo, fue elevado a la categoría de divinidad por Marcus Garvey, quien vió en el Rey de Reyes y Señor de Señores al Cristo Negro que profetizaba el Kebra Nagast.

Miembro de la guardia imperial del Emperador fue Abebe Bikila, protagonista de una de las historias más famosas de los Juegos Olímpicos y hasta hoy único bicampeón de la prueba del maraton. Fue en 1960, cuando los Juegos se disputaban en Roma, ciudad a la que las tropas fascistas llevaron el obelisco de Axum, símbolo nacional etíope, durante la Segunda Guerra Mundial, cuando Bikila se presentó junto con su hermano descalzo. No solo ganó la prueba, sino que batió el record del mundo (2h 15′ 16”). Hizo algo más: estableció el idilio de esta nación africana con las pruebas de fondo.

Bikila fue junto con Emil Zatopek el gran fondista del siglo pasado. Hasta la llegada de otro pequeño príncipe etíope al fondo: Haile Gebreselassie, quien además del gran parecido en el nombre guarda otra similitud con el monarca: su absolutismo. Su dominio incontestable. El reinado de Gebre en el 10.000 ha sido el más prolífico en la historia del fondo mundial. Dos oros olímpicos y cuatro mundiales en la última década del siglo pasado construyen un palmarés inalcanzable. O al menos eso pensábamos hasta la llegada de su heredero Kenenisa Bekele,quien nos obligará nuevamente a redefinir los límites. Pero Gebre sabía que en Etiopía veneran por encima de todas a la prueba del maraton, así que forzado en parte por la irrupción de su pujante compatriota, decidió dar el salto a la prueba reina en 2004. Para el recuerdo eso sí, su último 200 en la final olímpica de Sydney ante su rival de siempre, Paul Tergat: http://www.youtube.com/watch?v=5D56ZAvcxN0

El transitar de Gebreselassie por los 42.195 metros ha sido agridulce. Si bien es el actual recordman de la disciplina (2h 3′ 58” Berlín 2008) su renuncia en Pekin aduciendo el alto grado de contaminación de la capital china fue un mazazo, y acaso el anuncio del inexorable declive. El km. 25 de el pasado maraton de Nueva York, al paso por el Queensboro Bridge, fue el punto final de la carrera del gran etíope en la alta competición, la última sonrisa del Emperador.La victoria, eso sí, para Gebremariam, súbdito etíope. La leyenda continúa. A partir de ahora, la lucha por una vida más digna para su población.

http://www.youtube.com/watch?v=RVNqV2i_szw





Las X millas más bonitas

1 11 2010

7.15 de la mañana. El cambio de horario y los nervios acumulados me tiran de la cama un rato antes de lo previsto. Las sensaciones de los últimos quince minutos entre sábanas no me hacen ser muy optimista. Llueve en la calle, parece como si fuera una hora más temprano, las piernas se resienten de la carga de trabajo en las semanas previas; la garganta, del esfuerzo del día anterior: no todos los días se ven cabezazos como el de David Trezeguet, ni se tienen enfrente a tipos como Cristiano. Algo de pan tostado y café, fruta y almendras mientras el cielo sigue pintando de negro. Salgo de casa, subo en el coche, y recojo a mi compañero de fatigas en esta mañana. Parece que el cielo nos dará una tregua. Falsa alarma. Recibimos una llamada. Parece que las nubes se desplazan en dirección Norte.

Llegamos a Alfaç del Pi y buscamos el polideportivo municipal. Recogemos el dorsal y volvemos al coche para dejar las mochilas, camino salpicado por una lluvia cada vez más insistente, lo que nos lleva a la primera gran decisión de la mañana: debemos correr “a pecho descubierto” o, vista la lluvia, sería mejor que lo hiciéramos cubiertos con la chaqueta del chándal a modo de chubasquero. El recrudecimiento de las condiciones y un cielo cada vez más gris hacen que nos decantemos por la segunda opción. Volvemos al polideportivo, nos atamos los chips y… a correr. Empieza la tercera edición de las X millas más bonitas de la Costa Blanca, prueba que enlaza en un recorrido de ida y vuelta el centro de Alfaç del Pi con el faro de Sierra Helada. Algo más de dieciséis kilómetros en los que es imposible coger algo remotamente parecido a un ritmo de carrera.

Salimos del tartán azul del polideportivo convencidos de que, como amateurs  que somos, nuestro objetivo es acabar la carrera, así que ajenos eso sí a pulsómetros y a minutos por kilómetro, nos marcamos la hora y media como objetivo, sabiendo que las alegrías iniciales se suelen pagar en este tipo de pruebas. Empieza la carrera y milagrosamente acaba la lluvia, aunque el cielo sigue prometiendo guerra. La primera milla trascurre por las calles de Alfaç, la segunda y la tercera las llevamos con un ritmo suave, cómodo, que nos lleva a la playa del Albir en unos veinte minutos en media tabla. Un breve tránsito a orillas del mar y empieza, en la tercera milla y media, la subida a Punta Bombarda (109 m), donde se encuentra el faro que marca poco más allá de la quinta milla el intermedio de la carrera.

Un arrebato conservador (había estado reconociendo la subida el domingo anterior)y el calor que empiezo a sentir me hacen descolgarme ligeramente de mi compañero a la entrada del Parque Natural de Sierra Helada. Decisión acertada. Empieza la subida propiamente dicha en la cuarta milla, ya en pleno parque, en la que empezamos a ver atletas completando el camino de vuelta. No es nuestra carrera. Mi amigo me invita a seguirle con la mirada pero lo digo que adelante. Son los kilómetros más bonitos de la carrera, los que le han valido el título a la prueba, con unas espectaculares vistas de la Marina Baixa, la playa del Albir, el Peñón de Ifach, Altea… y el Sol, un Sol que no habíamos visto en todo el día y que empieza a surgir entre las nubes. Quinta milla. La pendiente más dura me lleva al faro, impresionante balcón sobre el Mediterráneo. Rondando los tres cuartos de hora. Bien, estamos en tiempos, me digo para mis adentros.

Pero ahora toca empezar a sufrir. La bajada del faro es engañosa, alterna tramos vertiginosos con nuevas subidas, lo que te destroza el ritmo. Pero ahí sigo, aguantando el tipo, disfrutando del paisaje y preguntándome cuál de los pueblos blancos que se ven ahí abajo será el de destino. Cuando en la séptima milla dejamos atrás Sierra Helada y encaramos la vuelta a Alfaç el calor es ya insoportable, ni una nube en el cielo, me arrepiento de correr tan abrigado, pero ahora ya es tarde, imposible pararse para quitarse el dorsal. Aguanto. Por un momento creo que una de las motos de seguimiento es la moto-escoba, lo que inflama lo que me queda de orgullo y subo el ritmo hasta que acaba la zona costera. Falsa alarma que pagaré después. Aunque tengo claro que una milla es bastante más que un kilómetro éstas empiezan a hacerse eternas. Busco desesperadamente el cartel de la octava milla, pero no aparece hasta el tramo donde empieza la ascensión final hasta el pueblo, dos millas en las que la carretera no deja de picar para arriba.

El transitar por la octava milla, ya con la hora y veinte encima de las piernas se me hace un pequeño calvario, quiero correr, siento que puedo dar algo más, pero las piernas me dicen que hasta aquí. Siento la tentación irrefrenable de quitarme la chaqueta del chándal y correr como el resto del mundo, qué más da si me descalifican. Buscando la sombra, el borde de la calzada, llego hasta el cartel de la novena milla. Tan cerca del final. Y me planto. Ando unos cuantos metros y saco fuerzas de no sé donde para volver a coger el ritmo. Mi compañero no deja de repetirse “come on, come on”. Vamos, vamos.

Poco más de una hora y media después de haber empezado a correr, algo de seis minutos después que mi amigo, vuelvo a pisar el tartán azul. El de come on y yo nos damos la mano y nos fundimos en un abrazo. Me quito la chaqueta de chándal, rompo el dorsal, me tomo dos cervezas casi sin respirar, y me siento el atleta más poderoso del mundo.

http://www.youtube.com/watch?v=qybUFnY7Y8w

 





Superheroes

26 05 2010

En ningún otro confín del mundo la intervención generativa y exterminadora de la creación sobresale más que en Lanzarote. Una de las 7 islas afortunadas,   a pocos kilómetros   del continente africano. En este entorno seductor discurrió el pasado sábado entre campos volcánicos de lava, piedra pómez y pueblos de estilo inconfundible, la que es posiblemente la prueba deportiva más dura del orbe: El Ironman de Lanzarote.

Poco importa quién fue el primero en cruzar la meta, todos son ganadores después de nadar 3,8 kilómetros, pasear en bicicleta durate 180 km y correr 42,195 kilómetros (sí amigos, un maratón), no olvidemos que pocos Ironman se atreven a disputarla.

Antes y durante la prueba la gran mayoría de los 1539 deportistas se hacen preguntas como: “¿Quién me ha mandado meterme en esto? o ¿Qué hago yo aquí?, Todos estarán  orgullosos de haber puesto al límite su cuerpo, de retar a la biología, a la medicina. Les vendrán a la cabeza con la música de “Eye of the tiger”  las lesiones, el mal tiempo, la voz de su entrenador, el cansancio, el día que decidieron iniciar este reto, las dietas, algún que otro compañero de entrenamiento que a semanas de la prueba se ha roto y no pudo emprender el sueño.

 No olvidemos que el gran objetivo  es cruzar la linea de meta , y sólo si se consigue habrá merecido la pena todo ese sufrimiento y esa dedicación a cambio de jugarse el físico y el reconocimiento de uno mismo.

Mi más profunda admiración a  los 1165 superheroes que cruzaron la meta, desde Eneko Ramos que lo hizo en 8:37:43 hasta Giancarlo Claudino que puso el broche final en 16:51:07.

¿Dónde acaba el deporte y empieza el mercantilismo? o lo que es lo mismo, ¿Cómo es posible que esta gente tenga que pagar por estar ahí?. En la respuesta a esas preguntas encontraremos el romanticismo del deporte.





El triunfo del coraje

21 03 2010

Natalia Rodríguez, el esfuerzo tiene siempre recompensaDebo reconocer mi debilidad por Natalia Rodríguez. Me tocó su historia en el mundial de Berlín. No vi justo lo que le hicieron. Por eso me alegro tanto de su éxito en el mundial indoor hace una semana. Recapitulemos.

En Berlín fue descalificada por derribar a otra corredora después de llegar primera a la meta. Cuando las atletas tomaban la curva final, Rodriguez, que venia desde atrás, había cambiado la marcha e iba adelantando a sus competidoras. Al llegar a la altura de la etíope Gelete Burka, ésta realizó una maniobra harto sospechosa: corría entre las calles 1 y 2. De hecho, le estaba dejando espacio a Natalia para que intentara pasar por ahí, aunque un espacio muy mínimo. Se veía venir que, ya bien la catalana intentara pasarla por detro o por fuera, Burka intentaría cerrarle el camino para cortar su progresión. Y ahí vino el error de Rodríguez. Quizás pensó que si adelantaba por fuera, eso la haría tener que correr más metros y no alcanzar el ansiado oro. Ya nunca sabremos si lo habría conseguido de haberlo intentado de aquella manera. Intentó el interior, y la etíope, en cuanto la vio venir con el rabillo del ojo, se fue desplazando haca la izquierda para cerrarle el camino que antes tan pícaramente le había enseñado, ya caída en la trampa, la española tenía dos opciones: o intentar pasar ( y que fuera lo que dios quisiera) o aminorar la velocidad, romper su propio ritmo y perder toda posibilidad de conseguir medalla, cuando llevaba ritmo de oro. En fin, en esas decimas de segundo, cuando tu cabeza va a mil por hora, ella decidió dar el todo por el todo. Burka se cerró, ambas se tocaron, tropezaron los brazos, y como Natalia iba con más velocidad, la otra se desequilibró y cayó. Había que ver la cara de la pobre atleta tarraconense tras pasar la linea final. Ella veía su nombre como el de campeona en el letrero, pero debía esperar una decisión de los jueces mientras buena parte del público berlinés la abucheaba.

Más tarde se la desposeyó del oro, que fue a recaer en Maryam Yusul Jamal. Tras este episodio, vino otra afrenta para Natalia: no fue invitada a participar en la prueba de Zurich, ya que es Suiza el país de acogida de la campeona oficial Jamal, y se ve que los organizadores no querían que la española les aguara la fiesta de la victoria mundialista ganando a su chica en su propia casa y poco después de celebrado el mundial, demostrando así que en realidad la mejor era ella.

Por suerte nuestra campeona pasó página, intentando dejar atrás esa amarga experiencia. Y ahora a conseguido la medalla de plata en el mundial indoor, imponiéndose a Burka y dejando las cosas en su sitio. Habría sido aún mejor que consiguiera el oro. Eso habría redondeado la justicia poética del caso. Pero bien está lo que bien acaba. Sobre todo teniendo en cuenta que no ha acabado, porque a la corajuda atleta de Tarragona le quedan aún muchos triunfos por conseguir.