Aquella noche de julio…

22 12 2010

… en Johannesburgo condicionará sin duda todos los resúmenes deportivos que del saliente año se hagan. En un país que ya había alcanzado cotas impensables hace poquísimos años como la Copa Davis, el Mundial de Fórmula Uno o incluso algún anillo de campeón de la NBA, que ya había sido campeón del Mundo en otras disciplinas como baloncesto o balonmano, solo faltaba por superar el atávico trauma con su primer deporte. Generación tras generación (estamos hablando del país de Luis Suárez, de Gento, de Amancio, de Butragueño o Guardiola) volvía cada cuatro (en el mejor de los casos) años a casa con el ánimo torcido, muchas veces en medio de ambientes muy enrarecidos, tropezando siempre con la quijotesca sensación de haber luchado contra molinos, ya fueran árbitros húngaros o egipcios, ya fueran rondas de penaltis o  grandes cantadas, que se nos hacían gigantes. Austria 2008 supuso el punto de inflexión en esta triste relación de España con los campeonatos, mutando, al son marcado por dos de los grandes entrenadores de nuestra historia, pero sobre todo, por el éxito de los conceptos futbolísticos que están a haciendo a nivel de clubs del Barça la referencia en este punto de la historia, el victimismo histórico por la felicidad futbolística. Felicidad que tuvo como todos sabéis su máxima expresión aquella noche de julio y que ha empequeñecido otras conquistas con menor calado mediático pero también dignas de contarse aquí.

A nivel individual, y fuera del fútbol y de la pareja Xavi – Iniesta (Dolce & Gabbana, Victorio & Lucchino) han sucedido acontecimientos alrededor de los cuatro o cinco nombres que a todos nos vendrían a la cabeza: Gasol, Nadal, Lorenzo, Alonso y Contador, con mayores o menores dosis de fortuna. Empecemos por Pau, coronado nuevamente como Emperador del Mundo con su segundo anillo NBA. Su ausencia de una Selección que cayó en Turquía ante la latente amenaza serbia le ha llevado a empezar su cuarta temporada en Los Ángeles a un nivel espectacular. En casa, en Europa reinó el Barça merced al crecimiento de un Ricky que sin embargo se mostró más dubitativo en el verano turco, y de un superequipo al que sin embargo el Caja Laboral en su enésima reconversión con San Emeterio como heredero de los Bennett, Nocioni, Scola fue capaz de levantar la Liga.

Nadal volvió a ser Nadal todo el año, vengando su derrota en la arcilla de París ante su verdugo del pasado año, el sueco Soderling, un título que marcaba el inicio de un posible Grand Slam si finalmente consigue llevarse dentro de un mes su segundo abierto en Melbourne, camino salpicado por alguna actuación memorable, como el partido en semifinales de la Copa de Maestros ante el escoés Murray. Impensable para agoreros pronosticadores prematuros de su declive en épocas recientes. Nadal – Federer, queda guerra para rato.

Por otra parte, quedarse solo con el enorme pique Lorenzo – Rossi, con victoria para el mallorquín, sería teriblemente injusto para todo lo bueno que ha sucedido este año en los Mundiales de Motociclismo. Si bien es el primer triunfo de un piloto español en la categoría GP (Àlex Crivillé lo fue en 500 cc), ha habido muchas más grandes noticias, desde la madurez de un Pedrosa que, no olvidemos, ha sido el segundo clasificado, hasta la irrupción de un Marc Márquez al que algún día quizá veamos conquistando mundiales de superior cilindrada. Lorenzo, Márquez y Elías, como vencedores, y Fernando Alonso con la consideración del resto de compañeros (Vettel incluido) como mejor piloto del año son las caras de una moneda que este año ha sido de oro en el motor español. La cruz, lamentablemente, la puso el 5 de septiembre la trágica muerte del japonés Tomizawa.

Alberto Contador ganó (o no, su incidente con el filete de clembuterol aún no está resuelto) el Tour de Francia más aburrido de los últimos años (dudoso honor que supongo batirá la edición del año 2011), un Tour tan insulso que puestos ahora a recordar, solo deja aquella espinosa avería de la cadena del pequeño de los hermanos Schleck camino de Balès, pero que no niega la tremenda de superioridad de Contador y Andy (liga escocesa, ¿les suena?) sobre el resto de corredores. Apasionante fue sin embargo la lucha sin cuartel de David Arroyo ante Ivan Basso y Vincenzo Nibali por conquistar la maglia rossa. Precisamente fueron los dos italianos quienes se llevaron las rondas italianas y españolas. Después, claro, el eterno ruido en torno a este deporte.

Sí, el dopaje, la lacra que viene persiguiendo a cierta parte del deporte español desde hace algún tiempo, golpeó con una virulencia nunca vista en este país a su más insigne atleta, la palentina Marta Domínguez (insisto en mi entrada anterior, con todas las cautelas del mundo), envolviéndola en lo que se ha llamado Operación Galgo, trama vinculada con actividades siniestras, como tráfico de sustancias dopantes o blanqueo de capitales). Dejemos a la justicia actuar y analicemos, que es de lo que trata este blog, la temporada. Sin Juegos ni Mundiales el interés de estas temporadas lo tenemos en los Campeonatos Europeos de Barcelona, con el francés Lemaitre y el británico Mo Farah como grandes estrellas, la sensación de falta de un relevo más solvente a la generación de Reyes Estévez, Marta Domínguez, Chema Martínez (plata en Maraton) y la reconquista, eso sí, de la distancia reina del mediofondo, los 1.500 m por Arturo Casado y Nuria Fernández.

Todo esto, pero también la contrarreloj en las alturas entre Edurne y Pasabán y Oh Eun-Sun por ser la primera mujer del mundo en conquistar los catorce ochomiles, la presencia de Barça y Ciudad Real en la Final Four de Balonmano, ese martillo pilón llamado Pacquiao, o los recientes oros de Mireia Belmonte en los Mundiales de Dubai, nos deja el 2010. Y como se suele decir en estos casos, no están todos los que son, pero son todos los que están. O algo así.

Os esperamos muy pronto. Felices Fiestas.

Hoy no voy a poner enlace de ningún vídeo musical, pero os dejo con una recomendación por si queréis, de alguna forma, contraprogramar a la Navidad: Balada Triste de Trompeta, la última de Álex de la Iglesia. Carlos Areces, literalmente, se sale.





Cuando no hay juez

4 06 2010

Caricatura de Peary y Cook peleando por ser el 1º en el polo

Fue en su día una polémica famosa en el mundo entero, y los protagonistas de la disputa fueron el almirante Peary y el explorador Frederick Cook. ¿Quién había llegado antes al Polo Norte? Éste último afirmó haber llegado en abril de 1908, un año antes que Peary. La opinión pública de la época se inclinó por tomar la expedición de Cook como un fraude, y darle más crédito a Peary. Sin embargo, hoy en día los diferentes estamentos científicos coinciden en considerar que la expedición de Peary tampoco alcanzó el Polo Norte.

No se dio ninguna prueba científica de haber alcanzado tal latitud terrestre. Es el síndrome de la falta de árbitro, la ausencia de un testigo u observador imparcial que pueda dar fe de los logros de ambas partes. Porque lo que en principio eran misiones de exploración de terrenos inhóspitos y vírgenes que ningún pie humano jamás había hoyado, se convirtió en una vertiginosa carrera contra el crono, en una competición deportiva. Pero en toda competición, se necesita de un referee.

El alpinismo de alta montaña no es un deporte de competición. En principio. LLegado el siglo XX, alguien tuvo la genial idea de instaurar el reto de “los ochomiles”. Adoptar como objetivo solamente los picos que estén por encima de los 8.000 metros. Una decisión totalmente arbitraria. Estoy seguro de que muchos “sietemiles” son tan jodidos de subir como los ochomiles famosos. Pero en fin. Así están las cosas. Y en eso estaban Edurne Pasabán y la coreana Eun-Sun Oh. Y fue la coreana quien “ganó”. O mejor dicho, ganaron ambas, si atendemos al espíritu del alpinismo ,que es de autosuperación y de competencia con uno mismo. Pero miss Oh fue la primera en hacer los 14 ochomiles… ¿o no? Una vez más, la falta de árbitro nos deja con la duda. Pasaban aduce que los sherpas de la coreana le dijeron que no habían alcanzado la cumbre del Kangchenjunga. Ella adujo lo contrario. Y miss Elizabeth Hawley, la encantadora viejecita inglesa que hace de “notaria” de los ochomilistas, al encontrarse en una situación de “mi palabra contra la tuya”, concedió a miss Oh el reconocimiento de haber alcanzado los catorce ochomiles, aunque una de esas ascensiones, la del ya famoso Kangchenjunga sea catalogada como “en disputa”.

No le quepa duda, amigo lector, de que seguiremos oyendo hablar de esta polémica durante mucho tiempo, igual que aún se discute sobre Peary y Cook. Aunque ahora haya algún que otro curioso de estos temas que sepa que quién realmente llegó al Polo Norte por primera vez en la historia fueron Ralph Plaisted en 1968 en motonieve, y Wally Herbert un año después en una expedición sin ningún medio motorizado.





“Guanyarà, guanyarà, ara sí que guanya!”…

22 03 2010

decía el anciano Miquel Poblet (1928) delante del televisor en el salón de su casa de Montcada, zigzagueando en su sofá mientras Óscar Freire, el hombre al que nunca nadie regaló nada, arrancaba en un sprint interminable para ganar por tercera vez la classicisima Milan – Sanremo, algo que ni siquiera él (primer maillot amarillo español en el Tour de Francia y doble ganador de la prueba en los años cincuenta) había conseguido. Sucede a veces que la realidad se empeña en engañarnos, en distraernos como a aquel señor oscuro del cuento de Tolkien, al que le tendieron la trampa de hacerle fijar su ojo de fuego en el lugar equivocado sin darse cuenta de que el verdadero peligro se le estaba acercando dentro de su propio reino, a escasos metros de su torre. Atraídos por el ruido de sables ignoramos hechos que pueden ser trascendentales, decisivos.

Mientras debatimos sobre si Messi es el mejor jugador del mundo, o de todos los tiempos, el cántabro errante consigue el mayor éxito del deporte español en lo que llevamos de año. Mientras nos preguntamos si el Villarato ha cambiado de acera, nos perdemos la apasionante contrarreloj en las alturas de Edurne Pasaban. Desconocería en profundidad su reto de no ser por el programa de José Antonio Ponseti. El reto de ser la primera mujer en coronar los catorce ochomiles.

El escenario de la batalla es el temido Annapurna (8.091 m), el más peligroso de los catorce ochomiles, con un 40 % de mortalidad (cuatro de cada diez alpinistas que lo atacan no regresan jamás), un infierno de viento y hielo en el que se pueden alcanzar temperaturas de hasta noventa grados bajo cero y cuya dureza ya experimentó en sus carnes la propia Edurne cuando en 2007 y presa del miedo tuvo abandonar su expedición. Ahora, tres años más tarde y con unos cuantos ochomiles más en su mochila (Broad Peak, Dhaulagiri, Manaslu y Kangchenjunga) retorna al Himalaya para conquistar el Annapurna y el Shisha Pangma y convertirse así en la primera mujer en hollar las catorce cumbres más altas del planteta Tierra, honor que tratarán de impedir la surcoreana Oh Eun-Sun y la austriaca Gerlinde Kaltenbrunner.

Su contrarreloj con la surcoreana (ambas se encuentran en el campo base del Himalaya y ambas atacarán el Annapurna por la cara norte) sería apasionante si no fuera porque hay algo más que un record en juego: la supervivencia. La tolosarra lo tiene claro: “El objetivo es volver”. Cuestionada por sus métodos poco ortodoxos (rumores de uso de mascarillas, de utilización indebida de helicópteros) por montañeros occidentales, Oh se convirtió el pasado mes de agosto en la alpinista con más cumbres conquistadas (trece, la última de ellas el Gasherbrum I) del mundo, solo a falta, por tanto de la temible montaña tibetana. La más grave amenaza para el record de Pasaban.

Un paisaje límite, , más digno de un relato de aventuras que de una crónica deportiva para ser contado.