¿España enferma de racismo?

7 04 2011

Es muy grave lo que está pasando en España con las muestras de racismo que estamos viendo en los estadios de fútbol. Pero esto ya viene de antiguo. Los españoles creíamos que no éramos racistas hasta que empezaron a llegar más y más inmigrantes a nuestro país desde mediados de los 90. Y es que solamente cuando las personas están expuestas a la diversidad y a la diferencia de los otros (la otredad) se pone a prueba su grado de tolerancia; es entonces cuando se muestran los auténticos colores de la gente.

Francamente, estoy decepcionado con mi país. De niño, yo pensaba que los españoles no éramos racistas. Ahora veo que me equivocaba. Y no quiero decir que no haya racismo en otros países. Por desgracia es un fenómeno global. Pero yo pensaba que éramos algo mejor. Sin ese complejo de superioridad racial que se desarrolló en el norte de Europa, y que derivó en la creación de sociedades racistas, como las del Apartheid en Sudáfrica, o el racismo norteamericano que se manifestó en las ominosas leyes de Jim Crow hasta los 60. Nosotros fuimos los que, al llegar a América, nos mezclamos con la población nativa, en lugar de exterminarla o encerrarla en ghettos, como ocurrió en los Estados Unidos.

En fin, el último lamentable episodio de racismo en nuestro deporte ocurrió en el partido de liga Atlético de Madrid-Real Madrid, en el cual buena parte del público cantó a pulmón lleno “eres un mono, Marcelo eres un mono”.

Un insulto racista es una manera de humillar y deshumanizar a otro ser humano. Es uno de los más asquerosos e infames actos de cobardía y estupidez, además. Y no me vale eso de que solo es una muestra de frustración deportiva de personas que en su ámbito cotidiano no se mostrarían racistas. Eso no justifica nada. El que comete actos racistas es un racista, ya sea por ignorancia, estupidez, odio, prejuicios, o simple borreguismo posmoderno.

A veces no podemos llegar a hacernos una idea del daño que estas cosas hacen a la imagen exterior de España. Aquello no fue una vergüenza solo para el Atlético de Madrid, todo el país quedó dañado en su fama cara al exterior. Y es que en esta aldea global en que vivimos en el siglo XXI, todo se sabe, y la noticia de tan “llamativos” actos llega al último rincón de la tierra. Las personas “de color” no son solamente ciudadanos de países pobres del tercer mundo, por cierto; y sé de buena tinta que hay personas de diferentes etnias en paises del primer mundo, como Estados Unidos, Canadá, etc. que se lo pensarán dos veces antes de venir de turismo a nuestro país, por miedo a ser confundidos con “inmigrantes” y sufrir maltrato y vejaciones, en el país donde se insulta a los negros llamándoles monos, o donde la palabra “sudaca” es moneda corriente en el habla de muchas personas. Aviso para navegantes: en estos tiempos de crisis económica, cuando el turismo es de las pocas cosas que nos mantienen a flote, mejor nos lucirá el pelo si conseguimos no dar una imagen tan racista que ahuyente a potenciales visitantes de nuestra hermosa tierra.

Y lo de Marcelo no es un hecho aislado. Ya tuvo que amenzar Eto’o con parar un partido en Zaragoza cuando miles de asquerosos racistas coreaban desde las gradas una onomatopeya simiesca. O el desafortunado incidente de los que se pintaron la cara de negro y se disfrazaron en un gran premio de Formula 1, carizaturizando a Hamilton, haciendo befa de su raza de manera repugnante. O aquel episodio por el cual también fuimos tristemente “noticia” en medio mundo, cuando a nuestra selección de Baloncesto que se disponía a viajar a disputar la Olimpiada de Beijing se les ocurrió hacerse una foto de conjunto en la cual aparecían rasgándose los ojos, emulando unos ojos “achinados”. Ese es nuestro problema, que nos falta esa sensibilidad racial para entender lo ofensivo que puede resultar para una persona asiática ese gesto caricaturizador, o para una de raza negra el que un blanco se pinte de negro y se ponga unos grandes morros rojos alrededor de la boca.

La prevención del racismo es una lucha activa que debe empezar en las escuelas y los ámbitos educativos de nuestros hijos. Me da pena de esos niños que en el Calderón aquel día aprendieron a emular a su padre al lanzar un zafio y sucio insulto racista. Hará falta un gran esfuerzo de pedagogía y concienciación para llevar a España a un camino más decente y humano.

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