El Fenómeno ya es Historia

16 02 2011

La semana en que un temporero se convierte en MVP, la misma en que la Vieja y glamourosa competición continental vuelve a ocupar la primera escena http://www.elpais.com/articulo/deportes/aburrido/ganador/elpepidep/20110214elpepidep_20/Tes os recomiendo este artículo de Walter Oppenheimer para conocer un poco mejor la historia de los cañoneros, el fútbol nos deja la noticia de la retirada de un mito. Para muchos treintañeros, Ronaldo Nazario de Lima (Rio 1976) ha sido el verdadero quinto grande de la Historia del fútbol. O quizá simplemente sólo pudo haber llegado a ser el mejor jugador de todos los tiempos.

No hubo un Ronaldo. Hubo al menos dos versiones, geniales y efectivas ambas, del gran delantero carioca. La primera, radiante, la exhuberante época de un atleta adelantado al menos diez años a su tiempo. Hay varias cosas en el Ronaldo (Cristiano) actual que recuerdan a aquel potente delantero. En el parreriano equipo que devolvió a Brasil el título de Campeón del Mundo en 1994 había un jovencísimo delantero que había maravillado en el Cruzeiro (44 goles en 44 partidos). A los 17 años vivía aún a la sombra de Romario y Bebeto, aún de Edmundo, en la verdeamarelha, pero tras aquel verano fichó por un PSV que ya había formado anteriormente al Baixinho. En el equipo neerlandés sus estadísticas son aún más demoledoras. Era un caso cantado: a sus 20 años le había llegado la hora de desembarcar en un grande de verdad, ocasión que aprovechó Josep Lluís Núñez para convertir a Ronaldo en el nuevo icono de su proyecto, algo que ya había intentado con menor fortuna con jóvenes cracks de su tiempo como Simonsen, Schuster o Maradona.

La llegada de Ronaldo a Barcelona supone todo un bombazo mediático: 2.500.000 millones de pesetas (15 millones de euros) que más que duplicaban el importe del traspaso de Mijatovic ese mismo verano y la convicción de que, tras dos años a la sombra de los equipos de la capital, el foco volvía a la ciudad condal. Fue aquella la Liga del primer Capello, simiente del Madrid de la Séptima sin duda, pero fue un año inolvidable en Can Barça. Aquella temporada brindó algunos de los momentos que han conformado nuestro imaginario futbolístico. Lo fue sin duda aquel famoso gol en Compostela, aunque para mí aquella galopada ante los cuatro defensas del Valencia supone la definición exacta de lo que fue Ronaldo: http://www.youtube.com/watch?v=fGI4Ko4jXXU. Un Fenómeno. De la naturaleza.

47 goles en 49 partidos, marca que pronto será batida y pulverizada por Leo Messi pero con la particularidad de que el brasileño descansó en los últimos y decisivos partidos de la temporada por exigencias de la selección de Brasil y el argentino lo juego todo. Un idilio eterno del Barça con Brasil que ya había inaugurado Romario y que después continuarían Rivaldo y Ronaldinho. Sin embargo, algo se interpuso en la feliz relación de Ronaldo y el Barça: los manejos de sus representantes toparon con la férrea posición negociadora de Núñez y acabaron, quizá la decisión que más habrá lamentado en su carrera, con Ronaldo en el Inter, dejando atrás la temporada individual más sublime que se recuerda.

El paso de Ronaldo por Italia no fue un tránsito feliz. Campeón de la antigua UEFA en el 98, aquel año iba a suponer el principio del fin del primer Ronaldo. Un Ronaldo sobreexplotado y exhausto en un Brasil que volvía a acudir a un Mundial con el cartel de máximo favorito pero con poco más que eso y la autoridad de Ronaldo como mejor jugador del mundo. Horas antes de la final de París, Ronaldo sufre unas extrañas convulsiones y la canarinha es vapuleada por Francia, acabando con la imagen de superhéroe de Ronaldo, el fin de aquel jugador que pudo haber llegado a ser el mejor de la historia.

Hubo otro Ronaldo, sin embargo, que figurará seguramente en letras más pequeñas al lado del majestuoso delantero que fue, pero que significó la redención de un crack. Si algo bueno tuvo aquella lesión en el tendón rotuliano, aquellos dos años perdidos entre quirófanos, fue la posibilidad de practicarle a Ronaldo la prueba del nueve. Su génesis, no podía ser otra tratándose de un grande, en un Mundial. A Japón y Corea llegaban como máximas favoritas Francia y Argentina. Apenas un mes antes Zidane había dibujado su más bello remate en el cielo de Glasgow y Henry crecía como su fútbol a velocidad de vértigo. Por primera vez en muchos años Brasil llegaba de tapado, con el antidivo Rivaldo como estrella y el joven Ronaldinho como etérea apuesta de futuro. Para nostálgicos, el regreso de Ronaldo, dos años apartado de la primera línea. Un Ronaldo que ya nunca volvió a ser el mismo pero que no había perdido efectividad. Aquel Ronaldo fue Pichichi del Mundial y marcó los dos goles de la final. El Fenómeno había vuelto. Ya no era aquel atleta, ya había mutado en un tranquilo rinoceronte asesino, pero había vuelto.

Y había vuelto a lo grande. Así que la vida le concedió a Ronaldo su segunda oportunidad de jugar donde más había brillado. Tras varios meses de negociaciones en el yate de Moratti, el Fenómeno volvía a España, rodeado aún de alguna duda con su rodilla pero con la esperanza de que su sociedad con gente como Figo o Zidane nos devolviera al gran delantero que un día fue. Durante dos años, y a pesar de la concentración de balones de oro de aquel equipo, se dijo que el Madrid empezaba y acababa en Casillas y Ronaldo. De hecho fue tan efectivo que quién sabe si la tremenda pegada que exhibió, la poca necesidad de creación que desprendía, pudiera haber sido la causante del bajón de aquel eficaz equipo.

Especialmente celebrado fue su concurso en Old Trafford en la vuelta de los cuartos de la Champions en 2003, uno de los mejores partidos de la pasada década en que el público del teatro de los sueños se levantó para ovacionar al verdugo que con su hat-trick les apartaba del camino. Especialmente temida, su ausencia en Delle Alpi en las semifinales de aquella edición. Quién sabe si el Madrid hubiera levantado su décima Copa si hubiera contado con el mejor Ronaldo, el Fenómeno reiventado, aquella tarde. Nunca estuvo más cerca el brasileño de ganar la Copa de Europa, torneo que nunca besó, como tampoco lo hicieran por cierto Pelé ni Maradona.

A Ronaldo le bastó con ganar dos Mundiales, ser el máximo goleador de la historia en fases finales y habernos dejado con la sensación de que nadie nos quitará haber visto jugar a uno de los más grandes jugadores que ha habido en la Historia. Esa Historia con mayúsculas de la que el Fenómeno, desde esta semana, ya forma parte.

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