Sobre fumar en los estadios

20 01 2011

Siempre he odiado todo lo que tiene que ver con el mundo del tabaco, desde el olor que desprende, hasta la industria en sí. Pero sobre todo la falta de consideración que tienen los fumadores (no todos) hacia los que no lo somos. Muchos de ellos no dudan en encenderse un “piti”, en cualquier lugar, tenga o no gente inocente (de fumar) al lado. En un momento dado llegué a tomar la decisión de no salir de fiesta por no tragarme el humo, y antes de eso tomé la determinación de nunca ponerme jerseys (en los pubs) por mucho frio que hiciera, ya que las consecuencias para la prenda en cuestión son letales (todo el mundo sabe que no puedes estar metiendo constantemente este tipo de prendas en la lavadora). Y eso de caminar por la calle tranquilamente y de repente aparecen dos chimeneas andantes que te obligan o a cambiarte de acera, o a incrementar el ritmo para adelantarles, con lo que te sigues tragando todo el humo, aunque yo suelo mantener la respiración cuando paso a su lado. Por no hablar de los que a mitad de comida se encienden un cigarreto sin preguntar si molesta.

Obviamente se deduce que estamos totalmente de acuerdo con la ley anti-tabaco, pero aún así nos parece demencial, que se permita fumar en los estadios, ya que se considera una superficie abierta, cuando los parques también lo son y allí no se deja fumar. ¿Donde radica la incongruencia? Muy facil: en un parque puede haber jugando de 6 a 10 niños una tarde, no obstante, en un campo de fútbol pueden llegar a censarse más de 3500 (en un campo de 20000 personas), a ese nada desdeñable dato le sumas que no hay nada más antagónico que fumar y deporte, y ya tienes 3501 razones para dejar de fumar en los estadios.

Que el típico “smoker” se saque el puraco y te toque delante o al lado, es de lo peor que te puede pasar en un estadio y más cuando cerca hay niños de por medio, y eso cuando es un puro, pero yo he llegado a ver a gente fumando porretos.

Desde “Con todas las aficiones” rompemos un lanza en favor de radicalizar aún más la ley anti-tabaco, es decir, sin medias tintas, y con criterio.

Si está prohibido consumir bebidas alcohólicas en los estadios y en las calles, que también se prohiba fumar, ya que esto sí que perjudica a segundas personas. Los que quieran fumar, que lo hagan en sus casas, y si ellos quieren perjudicar a sus familias y a sí mismos, adelante; pero el resto de la humanidad no tenemos la culpa.

PD. Lo mismo decimos para las playas.

Para que seáis un poco más felices, y hagáis un poco a los demás:

http://www.youtube.com/watch?v=eiVmnjIEKS4&playnext=1&list=PLD91D218AFE83E244&index=7

“Dejar de fumar, por favor”

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7 responses

22 01 2011
Dennis

No creo que haya que demonizar a los fumadores, ya que como bien decís, no son todos los que no tienen el sentido común de al menos preguntar si molesta a la gente que hay a tu alrededor. Pero estoy con vosotros en cuanto a que no debería permitirse fumar en los espacios abiertos donde la gente si que convive con ellos.

22 01 2011
Ikarus

Tal y como lo veo yo, hay dos opciones:

1) Nos dejamos de hipocresías baratas y medias tintas, y se prohíbe la venta de tabaco.
2) Legalizamos todas las drogas y que cada uno se mate como le apetezca. Eso sí, en su ámbito privado y sin perjudicar a los demás. Ahora bien, esto acabaría directamente con el sistema de la (in)Seguridad Social, entre otras cosas.

24 01 2011
samuel

Yo, personalmente, no estoy de acuerdo con que se prohíba fumar en espacios abiertos, salvo que se trate de parques infantiles, inmediaciones de un colegio, etc., es decir, espacios especialmente sensibles. Sí que prohibiría otro tipo de acciones, como tirar las colillas en la playa, pues me parece una guarrada y, además, antiecológico (esta palabra no existe pero suene progre y mola). En el caso de fumar en la playa, por ejemplo, habría que apelar al respeto y a la educación del fumador, en el contexto de una disputa “privada”, antes que legislar a discreción, ya que de lo contrario acabaríamos prohibiendo fumar en cualquier espacio abierto, lo cual me parece absurdamente radical.
En otro orden de cosas, planteo una hipótesis. Imaginemos que dispongo de una sala de fiestas de, pongamos, 800 metros cuadrados. Imaginemos, además, que puedo costear la adecuación de un espacio, totalmente cerrado y cuya entrada está prohibida a los/as camareros/as, para aquéllos/as que quieran ejercer su derecho a intoxicarse con el tabaco. ¿Por qué, incluso en esas circunstancias de absoluta protección a los no fumadores, se me prohibiría dicha opción? No olvidemos que hablaríamos de un local privado abierto al público, y no de un local público, que no es lo mismo.

Estoy de acuerdo con la ley en general, me parece positiva y bienintencionada, pero considero que, el hecho de llegar a ciertos extremos de ingeniería social, han puesto de manifiesto algunos tics autoritarios tan arraigados en la mayoría de la casta política de nuestro país.

“El gobierno peor es el que aquél que ejerce la tiranía en nombre de las leyes” (Montesquieu).

Saludos

24 01 2011
samuel

Por cierto, estoy de acuerdo en lo de no poder fumar en los estadios, dadas las condidiones de “hacinamiento” de la gente. Resulta muy molesto.

24 01 2011
Manu

Hola Samu, comparto contigo la idea de que en esa sala de fiesta en concreto, sí se debería de dejar fumar. Realmente es más molesto para los no fumadores los que fuman fuera, que los que fuman dentro, por que ellos pueden elegir si entrar o no entrar, pero sin embargo el concepto “Fuera”, es de todos.
Un abrazo

24 01 2011
samuel

Yo, es que lo de fumar en la calle, lo veo más un problema de convivencia y de educación que de salud pública, pues la incidencia de que te “roce” una bocanada de humo cada miles de inspiraciones es nula para la salud (otra cosa es que mentalmente te trastorne, lo cual ya no es un problema físico). El problema son los lugares cerrados o abiertos en los que no haya espacio (estadios de fútbol, por ejemplo). Si se razona desde la radicalidad se tendría que legislar ad infinitum, en ésta y en otras cuestiones (emisión de gases de los coches, gasto excesivo de agua, etc.). Soy más partidario del sentido común.

24 01 2011
Manu

Tienes razón, pero es que muchas veces son los fumadores los que no tienen sentido común, ya que no dudan en encenderse un cigarro, en cualquier ocasión, esté quien esté delante, y sin preguntar si molesta, y ahí es donde viene el problema en los estadios.

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