Podemos (II)

14 06 2010

“¡Podemos!” debió gritarles Xavi Pascual a sus chicos al acabar el primer partido de la serie por la liga ACB. Dos días después, el Caja Laboral volvía a reventar el Palau poniendo un 0-2 increíble en la final. Si hay algún equipo capaz de remontarlo, éste es el Regal Barça. Si hay un equipo al que costará un mundo hacérselo, es el Baskonia, Caja Laboral o Tau. En cualquiera de sus versiones, un equipo que verano a verano se reinventa: poco importa que pierda a Prigioni y Vidal o que Pete Mickeal haya cambiado de acera. Splitter en la pintura, Teletovic y San Emeterio en el perímetro y un ejército de pretorianos de la liga (Huertas, Ribas, Oleson, English, Herrmann) alistado por Querejeta para un nuevo renacimiento del ave fénix están provocando un auténtico maracanazo en la ACB.

Varios miles de kilómetros al oeste, otro chico está convencido de que puede. Hay algo fascinante en Pau Gasol, por encima de su inteligencia táctica, de su versatilidad, de su buena mano o de su talento bajo los aros: su capacidad constante de aprendizaje. Si analizamos su carrera, Pau no ha parado de crecer. Sigue haciéndolo en su plenitud, frisando la barrera de los treinta. Hace tres veranos, un fallo suyo en los últimos segundos condenó a España a la plata en Madrid. El pasado verano tuvo oportunidad de tomarle cumplida venganza al destino en Varsovia. Así es Pau Gasol, empeñado desde hace dos años en demostrarle a una América que le acusaba de bisoño que puede con Kevin Garnett y sus Celtics. La serie viaja a Los Ángeles con 2-3 para los del Este, unos Celtics de colmillo afilado, donde los veteranos han cedido galones al imparable Rajon Rondo. Sin embargo, lejos del TD Garden y su Beat L.A.! los  Celtics pueden doblar la rodilla, aunque para ello hará falta algo más que el oportuno triple salvador de Fisher (siempre Fisher) o el mesianismo de Kobe Bryant. Si Artest aprieta, Odom aporta y Bynum sigue sufriendo, todo será mucho más fácil. Por Pau no quedará, pueden estar seguros.

Hablábamos la semana pasado de las posibilidades de España en “su” Mundial. Comentábamos sus posibles rivales en el primer cruce. Por lo que hemos visto hasta ahora, ni una Francia añorante que aún parece perdida entre las nalgas de mademoiselle Zahar, ni una Inglaterra a la que le falla algo más que las manos del portero (la pareja Gerrard-Lampard puede tener mucho nombre pero adolece de cierta falta de creación, se echa de menos a un hombre como Michael Carrick), ni una Holanda menos holandesa en su primer partido parecen asustar demasiado, pero esto es un Mundial y TODOS (empezando claro está por Suiza, Chile y Honduras) merecen respeto.

Del resto de los grandes favoritos, Argentina y Alemania ya han puesto encima de la mesa sus cartas, Italia lo hace mientras escribo estas líneas. No es la primera vez que un grupo sufriente derriba barreras en un Mundial, Brasil ganó el mundial de Corea entre feroces críticas a Scolari y la misma Argentina lo hizo dos veces en la década de los ochenta, en los que Maradona cimentó su condición divina acaudillando a un discreto grupo de jugadores argentinos. Quien aspira hoy a ocupar su trono, está ante la gran oportunidad de su vida de consagrarse donde los grandes, en la Copa del Mundo. El pasado sábado, ante Nigeria, dio el primer paso.

Quien ha visto fútbol desde hace años conoce la famosa frase de Gary Lineker tras aquella semifinal en la que Alemania eliminó a Inglaterra en el mundial de Italia, quien, interpelado por el periodista que le cuestionaba cómo podía ser que Inglaterra no hubiera ganado aquel partido, y apelando a la proverbial flema británica soltó “ya se sabe, el fútbol es un deporte en el que juegan once contra once y al final siempre gana Alemania”. No es sin embargo la selección física y eminentemente competitiva, que también, de los últimos años. De la mano de varios jugadores salidos de las canteras de Bayern y Werder, Alemania ha recuperado un talento que parecía perdido desde la jubilación de Effenberg o Mehmet Schol. Es, casualidades del destino, otro joven de origen turco (Özil, 21 años) quien encabeza una generación en la que también brillan Tomas Müller (20 años, nombre legendario para un jugador que apuesto que marcará época), Kroos, Badstuber, Khedira o Marin.

Sin la amada figura del trescuartista (Totti, Del Piero, Baggio) Italia se presenta más italiana que nunca, con una columna vertebral vieja y curtida, la esperanza del talento de Montolivo y la clásica pegada del nueve de siempre. Con una fórmula similar Mourinho consiguió hacer campeón de Europa a un equipo italiano. No lo olvidemos.

¡A por ellos!

Continuará…

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