Podemos (I)

7 06 2010

El grito de guerra que hizo fortuna hace dos veranos. Hubo tres momentos aquel mes de junio que tornaron el triste tránsito de la Furia por los torneos de envergadura en alegre solsticio: Cesc Fàbregas batiendo a Buffon en la tanda de los malditos cuartos, los cinco centrocampistas bailando al son del tiqui-taca contra Rusia en el partido más bello que se le recuerda a la Roja, e Iker Casillas alzando al cielo de Viena la ansiada Eurocopa. Dos años, una Copa de Confederaciones y varios partidos amistosos y oficiales después, España comparece en Sudáfrica con una hoja de servicios intachable y gran parte de sus complejos pasados sacudidos, sabiéndose candidata para la gloria pero siendo consciente de su papel en la historia de los Mundiales, competición que reserva para sus triunfadores un lugar en la memoria. Ni Pelé ni Maradona ni Cruyff ni Beckenbauer, por citar solamente a cuatro gigantes de los últimos cincuenta años tendrían la consideración que hoy tienen de no ser por los Mundiales.

Construida en torno a la filosofía Barça, a la selección le corresponderá paradójicamente ser la primera cobaya del mourinhismo que puede impregnar muchos planteamientos al alimón del éxito del Inter de Milán en Europa. Dos claves pueden antojarse decisivas para la suerte española en Sudáfrica: la recuperación del tremendo desgaste que el titánico pulso en la liga doméstica puede haber causado en el 65 % del presumible equipo titular y el estado con el que tres hombres clave en Austria llegan al hemisferio sur. En la medida que Cesc, Iniesta y Torres vayan entrando y aportando su dinamismo, desborde y gol, las posibilidades españolas aumentarán exponencialmente. ¿Una apuesta? Pienso que el papel de Jesús Navas no va a reducirse al de mero animador de amistosos pre-mundialistas, puede ser fundamental para abrir las enrocadas defensas que encontraremos y, dejados atrás sus problemas de ansiedad, parece llegar pletórico de forma y moral. ¿Un protagonista? Los años de mundial el Balón de Oro se decide en julio, así pasó en Alemania (Cannavaro), Corea/Japón (Ronaldo) o Francia (Zidane). Quizá haya llegado el gran momento para Xavi. O, no es un farol, para Iker Casillas. Pregúntenle a Perotti si ha hecho un mal año.

Pero no jugaremos solos. Quizá la gran amenaza se presente en octavos. Suponiendo que España sea primera de su grupo, la tarde de San Pedro nos espera en Ciudad del Cabo el segundo del grupo G, que saldrá, a priori, de la terna Brasil, Portugal, Costa de Marfil. Gran favorita para el hexa, la canarinha prosigue su triste involución, más acusada, si cabe, bajo la férrea batuta de Dunga y la ausencia de los grandes talentos de otros campeonatos. Tal vez desengañada por su fracaso en España’82, Brasil nunca volvió a jugar como Brasil, Lazaronis, Parreiras y Scolaris europeizaron el futebol brasileiro y lo alejaron de sus bellos cánones, volviendo a hacer de Brasil la dominadora del último cuarto de siglo pero vistiendo de verdeamarelho las más rácanas propuestas. Por si quedaban dudas, Dunga ya lo ha dejado claro: el doble pivote Gilberto Silva – Felipe Melo, es innegociable. Por detrás de ellos el basamento del campeón de Europa (Julio César – Maicon – Lucio), dejando a la moneda al aire de Kaká, el descaro del mejor Robinho y el olfato de un delantero menor, pero en cualquier caso efectivo, Luis Fabiano, la suerte de la Seleçao. No parece demasiado, pero Brasil ha aprendido a vivir del aire y, conforme vayan pasando los partidos, volverá a sentirse escogido.

En cuanto a Portugal, ya conocemos muy bien su mejor arma, no es otra que el hiperbólico Cristiano Ronaldo, quien en su afán por seguir demostrándose a sí mismo que es el mejor del mundo, de la historia, tirará hasta lo indecible del carro de una Portugal que no parece ofrecer gran cosa más, algo más atrás (Ricardo Carvalho, Bruno Alves) que arriba, donde la falta de un nueve es un mal eterno. Menos peligrosa parece ahora Costa de Marfil, descabezada sin el concurso del mejor jugador de su historia. Sin Drogba los elefantes pierden no solo gol sino liderazgo y ascendente sobre un equipo con jugadores experimentados en los mejores equipos europeos, aunque el músculo que aportan Touré Yaya o Zokora ya lo conocemos de cerca.

 

Continuará…

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