“Guanyarà, guanyarà, ara sí que guanya!”…

22 03 2010

decía el anciano Miquel Poblet (1928) delante del televisor en el salón de su casa de Montcada, zigzagueando en su sofá mientras Óscar Freire, el hombre al que nunca nadie regaló nada, arrancaba en un sprint interminable para ganar por tercera vez la classicisima Milan – Sanremo, algo que ni siquiera él (primer maillot amarillo español en el Tour de Francia y doble ganador de la prueba en los años cincuenta) había conseguido. Sucede a veces que la realidad se empeña en engañarnos, en distraernos como a aquel señor oscuro del cuento de Tolkien, al que le tendieron la trampa de hacerle fijar su ojo de fuego en el lugar equivocado sin darse cuenta de que el verdadero peligro se le estaba acercando dentro de su propio reino, a escasos metros de su torre. Atraídos por el ruido de sables ignoramos hechos que pueden ser trascendentales, decisivos.

Mientras debatimos sobre si Messi es el mejor jugador del mundo, o de todos los tiempos, el cántabro errante consigue el mayor éxito del deporte español en lo que llevamos de año. Mientras nos preguntamos si el Villarato ha cambiado de acera, nos perdemos la apasionante contrarreloj en las alturas de Edurne Pasaban. Desconocería en profundidad su reto de no ser por el programa de José Antonio Ponseti. El reto de ser la primera mujer en coronar los catorce ochomiles.

El escenario de la batalla es el temido Annapurna (8.091 m), el más peligroso de los catorce ochomiles, con un 40 % de mortalidad (cuatro de cada diez alpinistas que lo atacan no regresan jamás), un infierno de viento y hielo en el que se pueden alcanzar temperaturas de hasta noventa grados bajo cero y cuya dureza ya experimentó en sus carnes la propia Edurne cuando en 2007 y presa del miedo tuvo abandonar su expedición. Ahora, tres años más tarde y con unos cuantos ochomiles más en su mochila (Broad Peak, Dhaulagiri, Manaslu y Kangchenjunga) retorna al Himalaya para conquistar el Annapurna y el Shisha Pangma y convertirse así en la primera mujer en hollar las catorce cumbres más altas del planteta Tierra, honor que tratarán de impedir la surcoreana Oh Eun-Sun y la austriaca Gerlinde Kaltenbrunner.

Su contrarreloj con la surcoreana (ambas se encuentran en el campo base del Himalaya y ambas atacarán el Annapurna por la cara norte) sería apasionante si no fuera porque hay algo más que un record en juego: la supervivencia. La tolosarra lo tiene claro: “El objetivo es volver”. Cuestionada por sus métodos poco ortodoxos (rumores de uso de mascarillas, de utilización indebida de helicópteros) por montañeros occidentales, Oh se convirtió el pasado mes de agosto en la alpinista con más cumbres conquistadas (trece, la última de ellas el Gasherbrum I) del mundo, solo a falta, por tanto de la temible montaña tibetana. La más grave amenaza para el record de Pasaban.

Un paisaje límite, , más digno de un relato de aventuras que de una crónica deportiva para ser contado.

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