Grandezas deportivas y miserias humanas

27 02 2010

Bridge y Perroncel, cuando aún eran pareja.Escribo a pocos instantes del comienzo del partido de la Premier entre el Chelsea y el Manchester City. El partido del morbo. ¿Por qué? Bueno, amigo lector, si ha estado usted viviendo en una cueva estos últimos tiempos, le pondremos al día: Se supo que John Terry tuvo un affair con Vanessa Perroncel, quien entonces era la pareja sentimental de Wayne Bridge, defensa del City, y madre de su hijo. Terry, un hombre casado, parece que ha podido salvar su matrimonio después de conocido el escándalo, y ser perdonado por su mujer. Sin embargo, el malestar entre los compañeros hizo que perdiera la capitanía de la selección inglesa de fútbol. Aún así, Capello sigue contando con él, y lo incluyó en la última lista que dio para un partido del combinado nacional. También incluyó a Bridge. Ambos son dos de los mejores defensas que tiene Inglaterra. Pero Bridge ya ha sacado un comunicado diciendo que lamentablemente se ve obligado a renunciar a ir a la selección, que sería malo para el ambiente en el equipo y todo lo que le rodea, demasiada gente, demasaidos medios pendientes de esas raras condiciones extradeportivas. Entiendo que lo que ha venido a decir Bridge es que se ve incapaz de compartir vestuario con un tipo al que esencialmente quiere partir la cara.

Ya está, ya hemos tomado cociencia de que estos dos se llevan a matar. Hay cosas que sencillamente no son posibles. Todos podemos entender eso. Algunos dirán que quien debería renunciar a ser internacional es el amigo traidor, y no el traicinado. Pero estamos hablando de un deporte que es un gran negocio, y estamos hablando de galones. De seguro que la escuadra británica se resentirá de la ausencia de un lateral como Bridge en el Mundial de Sudáfrica.

Quizás esto nos sirva para darnos cuenta de que el fenómeno deportivo no está separado, sino intímamente imbricado con el mundo de los sentimientos y las constantes universales de la experiencia humana: el amor, la muerte, la vida, el honor mancillado, aunque esto último suene un poco como antiguo. Pero hay quien dice que los seres humanos somos máquinas anticuadas, y que aún nos vemos impulsados en la vida por las antiguas pulsiones animales sobre las que se alzaron nuestros ancestros.

No compartirán vestuario, pues, pero sí rectángulo de juego hoy. Rectángulo de fuego y furia.. ¿Qué ocurrirá entre estos dos al calor de una refriega, de un balón dividido, de una patada malintencionada? Solo nos cabe esperar que reine la sensatez y el partido nos brinde buen fútbol (no es difícil con tales equipazos sobre el césped), y no veamos ningún feo altercado, ni llegue la sangre al río. Que el deporte sea deporte, a la postre, sería el mayor signo de que por fin somos civilizados.

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