La condición de segundón

9 02 2010

Paso de definir la palabra, porque todos sabemos lo que significa. Baste decir que buscando “segundón” en las imágnes de google, obtienes los retratos de esta gente: Poulidor rueda a rueda con Anquetil, Jesús Gil en el jacuzzi (?), Pedro de la Rosa, Rubens Barrichello (varias fotos), Jennifer Connelly en topless (me he puesto palote) y una imagen del número 2º con Nelson, el niño gamberro de los Simpson en ese gesto que hace cada vez que alguien tropieza, se cae, o comete algún fallo o gazapo, apareciendo con su dedo acusador y su carcajada sardónica “jajaaaa!”.

Podríamos establecer dos tipos de segundones. Están aquellos que, tras un primer momento en que luchan a muerte por la victoria, al ver como el destino se les vuelve adverso, se acaban acomodando a ese papel de segundo elegante, de perdedor con encanto, y bajan los brazos. Estaríamos hablando del conocido “síndrome de Poulidor”. A esta categoría pertenecen los que suelen decir cosas como “jugamos como nunca y perdimos como siempre”. Es lo que le pasaba al combinado español de fútbol hasta la pasada Eurocopa, en la que nos sacudimos de una vez por todas los fantasmas que nos habían acompañado historicamente, esas  maldiciones bíblicas a las que habíamos dado alojamiento en nuestras mentes y corazones: siempre caemos en cuartos, los arbitros no nos respetan, somos el Pupas, etc. Pero llegó aquel bendito penalty convertido por Cesc, y se produjo la apertura celestial. Recuerdo esos segundo previos al lanzamiento. Estaba nervioso, estaba atacado, como millones de españoles. Pero también estaba esperanzado, expectante… porque estaba viendo seguridad en el semblante de Fábregas. Miraba sus ojos y veía determinación, hambre de victoria,… ¡el tipo se estaba creyendo que lo iba a meter! Y lo metió. Tiempo después supe que Cesc no es un especialista en el lanzamiento de la pena máxima, no suele hacerlo. Eso habría pesado en el ánimo del jugador español de otra generación, habría creado mil dudas y miedos en su cabeza, y seguramente habría terminado estrellando el esférico en el palo maldito, o lo habría mandado a las nubes. Pero esta vez no; esta vez la historia era nueva, diferente: matamos al “padre padrone” itálico y nos erigimos en Campeones. Era una historia escrita por hombres cuyo distintivo, a parte del buen juego, es el carácter ganador.

Y aquí vamos al segundo tipo de segundones: los que aún siendo deportistas excepcionales, aún teniendo un carácter ganador, de campeón, no ganan.

No ganan. ¿Y por qué? Pues principalmente porque solo puede haber un ganador, y uno, por muy buenísimo que sea, si compite contra alguien mejor que él, no suele ganar. Tenemos un exponente claro en el tenis. Federer y Nadal son , en mi opinión, los dos mejores tenistas de la historia. Pero han tenido la mala suerte de coincidir en la misma época. Mala para ellos, buena para nosotros, que disfrutamos de sus épicas batallas. El maestro de Basilea lleva ya 16 Grand Slams, y de no ser por Nadal ya iría por los 20. Rafa, el fenómeno de manacor, siendo más joven ya tiene 6 Slams, y sin haber tenido al suizo al otro lado de la red en varias finales, llevaría al menos dos o tres más a buen seguro. Estamos quizás en en la era más fuerte del tenis moderno. A estos dos colosos se han sumado recientemente otros jóvenes talentos, como el de Andy Murray, un jugador que me encanta, y que aún sufre y pena para conseguir ganar su primer grande. De la misma manera, existe la polémica entre los aficionados al deporte de la raqueta de que si Sampras consiguió tantos Slams fue por tener la suerte de haber jugado en una hora débil del tenis, sin ningún otro gran tenista que le haga sobra.

Es como la voz popular, tan conformista, tan piadosa para con el sufrimiento y la tribulación de la gente sencilla, que reza que por pobre que seas siempre habrá alguien más pobre que tú. O esas especulaciones sobre ¿y si Armstrong e Indurain hubieran coincidido en pugna por el tour? ¿Y si contador se hubiera tenido que enfrentar a un Armstrong en el moménto álgido de su carrera deportiva? Pero esa clase de especulaciones no van a ninguna parte. Como dice Faraday, “lo que pasó, pasó”. No hay que darle más vueltas.

Y para cerrar el tema, sí, amigos, voy a hablar de lo que más hablamos (casi) todos: Madrid y Barça. Barça y Madrid. El yin y el yang. La noche y el día. La luz contra las tinieblas (pero, ¿cual es cual? Fácil: como decía Perez Reverte cuando era reportero de guerra en Bosnia, los buenos son los míos, los que están conmigo, y los malos son los cabrones que están en la otra trinchera, y me quieren volar la cabeza; así se acaba cayendo en un maniqueísmo reduccionista, pero ése es tema para otro artículo), kas naranja contra kas limón, truco o trato, cueces o enriqueces…

Amigos, estamos de enhorabuena. Estamos presenciando el reinado de un equipo que está haciendo historia. Y no me refiero tanto a los títulos, cuanto al juego. Este Barça juega como los ángeles. Yo jamás había visto jugar así a ningún equipo. Bordan el fútbol y son al mismo tiempo un equipo trabajado, equilibrado, muy competitivo y con una mentalidad a prueba de bomba.

Y al otro lado del puente aéreo tenemos al Real Madrid, nada menos. El mejor equipo del siglo XX; con una masa social acostumbrada a ganar, a brillar, a ser campeón y espejo mundial. Recibieron un duro varapalo el año pasado. Pero han querido volver a levantarse, con más hambre que nunca y sangre en el ojo. Han fichado a un muy buen técnico, y han confeccionado una plantilla de lujo, trufada de jugadores de calidad. Las plantillas de Barcelona y Real Madrid, en cuanto a calidad, no tienen parangón en el mundo entero. Son los grandes favoritos para estar en la final de la Champions (que este año se juega en el Bernabeu) y quizás tan solo el Chelsea esté en condiciones de hacerles frente en Europa. Cualquiera de los dos sería líder destacadísimo en Italia, en Inglaterra o en cualquier otra liga. Pero resulta que están en la liga española, dos supergallos peleones en un mismo corral, y tan solo uno puede llevarse el gato al agua.

Así, podríamos tener a final de temporada esta situación: un Real Madrid que en el primer año del proyecto Pellegrini cae derrotado por el Barça en la final o la semifinal de Champions (cuando lleva 5 temporadas consecutivas cayendo en octavos), y que hace la mejor liga de su historia centenaria, con noventa y tantos puntos conseguidos (muchos más que en otras ligas donde fue campeón jugando mucho peor), batiendo todos los records, y que a pesar de eso queda subcampeón por detrás de un Barcelona paranormal(¡dos años consecutivos ganando liga y champions!). Y todo esto, haciendo un fútbol fabuloso y de muchos quilates, pero sin ningún título que llevar a las vitrinas. Y yo me pregunto, en esa tesitura, ¿cómo habría que valorar la temporada del real madrid? ¿Buena o mala? ¿Fulminaría Florentino P. al ingeniero Pellegrini, o tendría paciencia con el proyecto?

¡Ay, amigos! Ya decían los clásicos que a menudo nuestra propia grandeza se mide por la de nuestros contrincantes.

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2 responses

10 02 2010
Fernando

esta es la pura realidad, es como lo de la buena suerte, o la mala suerte.

8 06 2011
Manu

Se ha visto que el Real Madrid hizo la mejor liga de su historia y no pudo con el Barcelona.
Eso si el Chelsea tristemente e injustamente fue eliminado por el racano Inter de mourinho.
Así que como profeta te pongo un 8

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