Ansiedad

21 11 2009

Después de mucho tiempo anhelándolo, la afición española vio el pasado sábado a Jesús Navas defendiendo la elástica nacional. Ha debutado con la Roja, y ha debutado bien, dejando buenas sensaciones. Durante mucho tiempo no pudo hacerlo. La ansiedad le podía. Lejos de su entorno y sus familiares, hacen aparición sus problemas psicólogos, provocándole ataques de ansiedad, lo cual ya le había ocurrido en anteriores concentraciones con su equipo, el Sevilla C. F. Por suerte, los psicólogos del club están haciendo un buen trabajo con él. La selección necesita un extremo diestro de garantías para ampliar aún más su gama de recursos ofensivos de cara a la gran cita: el Mundial de Sudáfrica 2010.

Es un caso curioso el de este jugador desequilibrado y desequilibrante. Un buen chico, que necesita estar rodeado de un ambiente familiar, sano, para sentirse bien. Que no se siente a gusto si se percibe como una estrella mediática en la que todo el mundo tiene puesta su atención, y sus ilusiones. Que teme defraudar las expectativas que la afición pone en él. No suele ser la norma en este fútbol “profesional” nuestro.

Bien al contrario, lo más habitual es toparse con futbolistas que viven y gozan de su juventud y su buena posición, de una forma un tanto alocada, sobre todo en ambientes nocturnos. Gente que es y se sabe mediática, “popular”. Tipos encantados de haberse conocido, con un fuerte ego y un carácter muy marcado que les permite, eso sí, aguantar la presión que tanto atenaza al bueno de Jesusito Navas.

Entre esos especímenes, que todos tenemos en la cabeza, quiero destacar el caso de José María Gutiérrez Hernández, más conocido como Guti. A éste no le causa ansiedad estar alejado de su medio familiar. De hecho, se dice que sus frecuentes escapadas y vida nocturna desencadenaron su divorcio. Quizás si le obligaran a estar definitivamente apartado las discotecas, sí que le entraría la ansiedad. Jugador caliente en el terreno de juego, al modo de un Hristo Stoichkov, pongamos por caso, el historial de casos en los que Guti ha mostrado su personalidad es largo, aunque nosotros nos limitaremos a mencionar uno: en la temporada 2000/2001 les llamó “paletos” a los hinchas del Villarreal y les dedicó una peineta mientras se dirigía al autocar de su equipo. El Madrid le impuso al ’14’ una multa disciplinaria de un millón de pesetas y en El Madrigal le hicieron la ‘cruz’ (a partir de entonces, ha sido habitual ver como la afición del Madrigal corea el sobrenombre de ‘Paleto’ en referencia a Guti). De la misma forma, es frecuente que sea insultado por las aficiones rivales en muchos campos de España; el epíteto preferido de estos hooligans para el torrejonero es el de “maricon”. La última que tuvo fue con Pellegrini, su míster, con el cual se encaró de manera poco respetuosa, mandando a tomar por el sitio donde amargan los pepinos en el descanso  del encuentro de ida ante el Alcorcón. Quién sabe, quizás el gran pecado de este enfant terrible del fútbol sea decir las cosas a la cara, y no a las espaldas, como hacen muchos otros. El mundo odia a Guti, pero a él le suda el capullo. Seguramente siempre cargará con esa aura de genio incomprendido, de maverick. Es un llanero solitario que cabalga por una tierra poblada por rebaños de gente conformista y aborregada.

Navas y Guti, en fin. Figuras antagónicas de nuestro fútbol.

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