Sky Hook

18 11 2009

De los grandes grandes, gigantes de verdad de la NBA, los nacidos en el decenio Tang llegamos a conocer a Jordan, Magic, el último Bird… Quienes tuvimos la suerte de vivir el mágico verano del 92 casi pensamos que el baloncesto empezó entonces, con aquella maravilla llamada Dream Team, sublimación del arte baloncestístico. No fue así. El showtime en el baloncesto profesional americano empezó mucho antes, y aún hoy perduran récords y leyendas como los duelos Russell – Chamberlain (máximo estandarte de la dinastía de los Celtics que ganaron once campeonatos en trece años el primero, cien puntos en un partido y más de ¡cuatro mil! en una única temporada el segundo), forjadores de la histórica rivalidad Celtics – Lakers en los sesenta. Eran los años también de Jerry West, recordado para siempre como la silueta del logotipo de la NBA.

A la retirada de estos dos monstruos de la canasta, con los que sin embargo los Lakers solamente pudieron ganar un título, se iba a inaugurar una nueva etapa en el equipo californiano. En el verano de 1975 llega a Los Angeles Lew Alcindor Jr, más conocido por su nombre islámico, Karem Abdul-Jabbar, con quien los Lakers alcanzaron las finales de la NBA ocho temporadas en diez años, llevándose cinco anillos.

A este tipo, que se negó a participar en los Juegos de México (hablamos del año 68), por el conflicto del Black Power (atletas de raza negra que se sentían discriminados en sus países) tuvimos la suerte de llegar a verle jugar. Sí, era aquel espigado center de los Lakers, tan distinto al resto por sus características gafas y su gancho del cielo. Toda una institución a la que sin duda, no dimos la trascendencia que tenía, comparable con la de haber visto pedalear a Eddy Merckx, darle patadas a un balón a Johann Cruyff o tomar una curva a Ángel Nieto.

Las del 88 y el 89 fueron dos temporadas iniciáticas para mí en el descubrimiento de las viejas grandes competiciones, la Copa de Europa, la NBA, el Tour de Francia… por eso para mí nunca habrá equipo que haya jugado mejor que el Dream Team, ni jugador más temible que Kukoc, ni maquinaria más precisa que la Jugoplastika, e igualmente no habrá una final más apasionante que la del 89, los glamourosos Lakers de Magic y el viejo Abdul-Jabbar, contra los descarados chicos malos de Detroit. Respiración en la línea de tiros libres, semblante preocupado desde el banquillo y mirada perdida en el electrónico del Auburn, sin embargo los chicos malos ganaron y Dumars, Rodman y Thomas dejaron a Abdul-Jabbar sin su séptimo anillo, pero no nos quitaron el placer de poder decir que vimos el gancho del cielo.

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